Otras formas de entender el pop aún son posibles

por | 15 junio 2026 | Conciertos, Música

Fotos Juan A. Pardo

Un disco como el que acaban de publicar The Standby Connection en No Aloha Records es todo un alegato generacional, la reivindicación por la vía de la belleza de una forma de concebir el pop independiente y el rock alternativo que se consolidó en los 80 y los 90 del siglo pasado. Once canciones como once soles cocinadas a fuego lento con las mejores influencias. Queridas, queridos, la independencia era esto. Los que piensen que las melodías deberían ser otro pilar del Estado del Bienestar, como la Sanidad, la Educación, la Dependencia y la Fiscalidad justa y progresiva están de enhorabuena. De una obra así siempre se sale mejor.

Los valencianos se estrenaron con el CD Ace Tone en 2016. Entonces eran tres cuartas partes de Polar: Miguel Matallín, Paco Grande y Jesús Sáez buscando entre pedales de distorsión, guitarras y una caja de ritmos la manera de dar con un nuevo comienzo sin repetirse y sin traicionarse. Ramón Manzaneda a la guitarra se incorporó un años después para consolidar un cuarteto que ha resistido las consecuencias de una crisis económica furiosa, el cisne negro de la pandemia, el cambio de modelo radical en el consumo de música, varias revoluciones del gusto, alguna complicación familiar, parones forzosos, el desencanto de las cosas que no terminan de arrancar y la sensación de que la piscina en muchos momentos se quedó sin agua. Nadie podrá decir que el siglo XXI está resultando aburrido. El que resiste gana. Estos 42 minutos de música emocionante son su triunfo.

Hormigón, ladrillo, acero, austeridad formal y dimensiones rotundas, la arquitectura brutalista que arrancó en los cincuenta y se vinculó en muchos lugares a edificios públicos y a vivienda social sedujo a Juan A. Pardo. El fotógrafo valenciano, uno de los cronistas gráficos fundamentales de la escena valenciana, llevaba tiempo persiguiendo estos edificios por toda la ciudad. Varias de esas imágenes, de sobrio blanco y negro, terminaron ilustrando los singles previos al disco. La foto de la portada, una gasolinera de aire retro, pertenece a esta serie. Esa mirada amable a un mundo que se desvanece, mientras la economía del silicio gana centralidad, parece que quiera recordarnos la importancia de logros como la música que germinó en las grietas provocadas por The Velvet Underground o la necesidad de Estados solventes y democráticos que mitiguen las injusticias, reduzcan las desigualdades y ofrezcan protección.

Pongámonos siglo XX y recorramos el álbum desde el principio. Arranca la cara A con una composición que nos trae aires de Belle and Sebastian. No hemos salido de nuestro asombro y el siguiente corte comienza con un In my mind/nothing survives que parece cantado por los hermanos D’Addario. No te has acomodado a esa coincidencia y ya cruzas el puente de Brooklyn para atravesar Manhattan, tomar uno de los túneles que llevan a New Jersey y terminar en Hoboken con un estribillo que es puro Yo La Tengo. El disco avanza entre melodías que se adhieren a la piel como las caricias y ciertas complicidades. El relato confesional queda en suspenso e irrumpe el diálogo de unas guitarras con el olor de la lluvia de Glasgow. Recuerdan Grand Prix y Songs From Northern Britain, pues eso.

La batería y el bajo, sin alardes ni aspavientos, resultan esenciales para sostener la estructura melódica. No titubean nunca. En Make up un pedal burbujeante trae aires australianos, We Can Hide in L.A .nos ofrece la promesa soleada de una huida y la oscuridad de un cine de reestreno, Pats On the Bats reactiva la memoria del On Fire de Galaxie 500 y Day One subraya lo esencial que ha sido Lou Reed en esta manera de entender la música. Resulta curioso que sea casi al final, en la magnífica End Of the Summer, la primera vez que encontramos una pieza que nos suena heredera de los mejores Polar. El álbum de título homónimo se despide con My friends, un cierre brillante que esconde en su letra una gran sonrisa. Ahora ya está.

Un disco así lo podía haber firmado Real Estate, Rolling Blackouts Coastal Fever, RVG, alguna de las bandas de Tough and Love, Britta Philips y Dean Wareham, que echan una mano en el tema MB, o los The Clientele menos brumosos. La realidad es que ha sido el cuarteto valenciano el que, superando una década en el desierto discográfico, han completados un trabajo brillante que ignora la tiranía de las novedades, la mediocridad de mucho indie de festival y la hiperexposición de casas, confesionarios y ex estrellas de Disney convertidas en cabezas de cartel. Enhorabuena.

The Standby Connection presentan en directo nuvo su disco en el CEX de Valencia el sábado 20 de junio.

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