¿Cuándo empezó a vibrar el aire? ¿Cuándo comenzamos a pensar que podía ser un cambio de paradigma y no una simple casualidad? ¿Se estarán renovando los flujos de bandas independientes y alternativas que visitan la ciudad? Formaciones australianas, norteamericanas, inglesas, holandesas, canadienses, artistas emergentes, combos de escenas periféricas, propuestas incipientes con excelentes críticas que se cuelan en la programación local. Si alguna vez fueron militantes del pop de guitarras no se despisten porque están pasando cosas muy chulas en nuestros clubs. El pasado martes 10 de junio Dehd nos recordaron lo mucho que nos gusta el indie rock con vocación contemporánea. Canciones honestas y bellas en medio de la tormenta.
Las salas de conciertos son uno de los mejores lugares del mundo para los descubrimientos y para las confirmaciones. La magia del pop preciosista de ribetes jazzísticos de Alice Phoebe Lou en 16 Toneladas hace algunas temporadas. La efervescencia y el dinamismo de los holandeses Personal Trainer, que tenían que haber vuelto de visita. La intensidad abrasiva de los canadienses PUP en el Rambleta. La facilidad con la que el jovencísimo trío de chicago Sharp Pins demostró que podía haber futuro en las geografías envejecidas del power pop. La emoción de disfrutar en la cercanía del folk dislocado de Divorce cinco minutos antes de que se conviertan en una opción inalcanzable para las salas de aforo medio. Siempre hubo hallazgos felices frente a un escenario pero ahora estamos en racha. ¿Será cuestión de suerte o fruto de un trabajo de mapeo audaz no exento de riesgos?

Con una asistencia de público discreta arrancaron puntuales Chick Flick. Las madrileñas estuvieron convincentes. Esa mezcla de juventud, entusiasmo, efectividad y malestar generacional atrapó nuestra atención. Su propuesta de rock con fibra punk, ecos grunge y militancia riot girrrl podría encontrar su ventana de oportunidad en un contexto favorable gracias al éxito de Amy and the Sniffers, Bala o Lambrini Girls. Gabo, Adri y Tata, guitarra, bajo y batería se lo pasaron pipa en el escenario y casi igual de bien después bailando las canciones de los americanos entre el público. Media hora de música airada para tiempos difíciles. ¿Encontrarán su público? Seguro que sí.
Con cuatros discos reseñados en Pitchfork por encima del notable, un hueco en el cartel del Primavera Sound y un nuevo artefacto sonoro en camino aparecieron los de Chicago en el escenario. El primero en comparecer fue Eric McGrady, un tipo corpulento de cerca de uno noventa que se situó tras la batería y la caja de ritmos con sigilo. Siempre de pie y con una economía de movimientos propia de un profesor de yoga se esforzó en pasar desapercibido mientras tejía los ritmos sobre los que engarzar las melodías a medio cocinar que elaboran sus compañeros. A la izquierda se situó Emily Kempf con su bajo, su cabellera rubia, sus piernas y brazos tatuados y su voz dulce, parecía una Kim Deal para la generación centennial. A la derecha, con una guitarra verde preparada para la acción, Jason Balla. La voz de terciopelo de Emily mezcla muy bien con el tono casi de barítono a lo Calvin Johnson que se gasta su compañero. Por cierto cuando Jason se pliega sobre su instrumento para disparar esas líneas melódicas saltarinas y embaucadoras recuerda mucho al Ira Kaplan de Yo La Tengo. Saben de dónde vienen.

Si escuchan los discos de Dehd en alguna plataforma de streaming comprobaran lo bien que conocen la tradición del indie rock alternativo: Pixies, The Breeders, K Records, Sub Pop, Pavement y también percibirán como han ido complicando las estructuras de sus canciones, especialmente en su última entrega. Precisamente fue Poetry (2024) el álbum que más canciones aportó al setlist: Mood Ring, Don´t Look Down, Light On entre otras fueron apareciendo a cada poco para construir un relato vibrante, dinámico, lleno de subidas y bajadas de intensidad, acelerones y pausas y con esas voces tan efectivas que a veces se alternan y otras se solapan. Tienen temas muy chulos y sonaron pulcros y equilibrados. Una delicia de actuación que acabó con todos nosotros balanceándonos a ritmo de la adictiva Dog Days.
Nos marchamos rapidísimos aunque no era muy tarde porque al día siguiente había que estar en un aula a las ocho de la mañana. Allí se quedó Víctor, el director de esta revista, y otros conocidos comentando las bondades de lo que acabamos de disfrutar. Después de una década de voces filtradas, fotos retocadas, aplicaciones tiránicas que buscan nuestra atención y música hiperdigitalizada igual hay nichos donde la sencillez y la espontaneidad vuelven a ser jóvenes y cool. Estaremos muy atentos a la escena indie y do it yourself de Chicago y a lo que se programa en nuestras salas. El aire vibra y podría ser el aleteo de una mariposa. Algunos piensan que esas leves sacudidas pueden provocar revoluciones, un soplo en el corazón.










