Salvar la cultura valenciana de base

por | 16 noviembre 2020 | Opinión

Hay bares que son abadías benedictinas. No encontraremos silencio, pero siempre habrá parroquianos buscando el Segundo Libro de la Poética de Aristóteles mientras empuñan un micrófono. La cultura de la ciudad de València está tanto en el Kaf Café de Benimaclet, en El Volander de Nou Moles, en L’Ermità del Carmen, en el Ubik de Russafa, en el Rocafull de Plaça Xúquer, en el Kraken de Plaza Honduras o en La Batisfera del Cabanyal, entre otros, como en los altos andamios de la academia.

bares-valenciaKaf Café de Benimaclet en 2015. En la actualidad, Rafa Adrián (violín izquierda) toca en Badlands, Luis Carrillo (centro) publicó su primer LP en 2019, y Juan Belda (guitarra derecha) forma parte de Ciudad Jara.

 

Es en estos pequeños bares donde se crea la cultura de base, donde los más jóvenes se curten poniéndose por primera vez sobre un escenario para recitar, cantar, tocar, proyectar su corto, exponer sus fotografías, interpretar su monólogo o presentar su primer libro, donde se alargan las noches de tertulia sobre cine, literatura, música y política. En definitiva, donde nacen los protagonistas que nutrirán, con tiempo y suerte, espacios culturales de mayor aforo.

Los bares culturales y las salas de música, de pequeño y mediano aforo, son mucho más que ocio, sus dueños no pertenecen al gran empresariado que maneja las macrodiscotecas nocturnas valencianas, sino que son autónomos y pequeña empresa que necesitan ayudas directas. Son la cantera cultural valenciana, y es necesario un registro municipal o autonómico que los catalogue, les ofrezca una normativa adecuada para su actividad y los proteja para que superen las actuales dificultades.

Parece que esta crisis no será breve. Cuando llegue la vacuna, en el primer trimestre de 2021, en principio, sólo la recibirán los mayores de 65 años y los grupos de riesgo, como los sanitarios. En caso de ser eficaz, descongestionará la presión hospitalaria (los mayores de 70 años representan el 85% de los fallecidos), pero si no somos capaces de contener la epidemia, como parecen haber logrado en Japón, Corea del Sur, China, Tailandia o Vietnam (países con experiencia pandémica previa, con presión social ante el incívico y con una cultura e idiosincrasia confucionista), el resto de la población, menor de 65 años, tendrá que seguir conviviendo, al menos durante 2021, con el virus, y los espacios cerrados quizá deberían mantener algunas restricciones.

Así que es probable que los conciertos, tal y como los conocíamos con aforo completo, no vuelvan pronto, y tampoco las actuaciones musicales en pequeños bares. Un plan de apoyo institucional, para mantener esta red fundamental del tejido productivo cultural valenciano, parece imprescindible si no queremos dejar caer a las próximas generaciones de artistas y de público.

 

bares-5 La media de edad del público del Kaf Café está por debajo de los 25 años.

 

 

Suscríbete al boletín mensual

El podcast de Beat València

Así suena València en invierno

Artículos relacionados

Pin It on Pinterest