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Sin nosotros no es fútbol

por | 20 abril 2021 | Opinión

El fútbol que ya no será, que se acaba, es el que conecta a los chicos del amateur del Sporting Benimaclet, o al Unionistas de Salamanca con el Queso Mecánico de Benito Floro, o las medias verdes del Racing de mi amigo Alberto, o al Athletic de ocho apellidos vascos con el Real Madrid de las copas de Europa y el Barça de Cruyff y de Messi. Todos se lo ganan en un campo. Once contra once en un campeonato continuo desde el amateurismo de la Regional hasta las superestrellas millonarias de los derechos de imagen.

Dile ahora a la Curva del Torino de Martín Vázquez que nunca podrá ver a la Vecchia Signora perdiendo su plaza europea en un enfrentamiento vecinal cara a cara con los granata. O a San Paolo entero en Napoli, esos terroni, el mezzogiorno insultado por la Italia septentrional, que lloran a Maradona y cantan a pulmón “O Surdatto Nnammurato” que no le quitarán nunca un lugar en la historia al opulento AC Milán, incapaz de clasificarse por méritos propios para jugar las últimas siete ediciones de la Champions. Ve y dile tú ahora que el fútbol no es de ellos y que no gana el que mete más goles en la cancha.

En el fútbol de hoy, donde la FIFA compra un Mundial en una teocracia sobre miles de trabajadores inmigrantes muertos, ya era improbable que existiera un Ajax de Ámsterdam del siglo XXI con chicos de dieciocho años levantando copas de Europa o un Leicester que pudiera retener a su Jamie Vardy, su working class forward, después de ganar una Liga a los petrodólares y la mafia rusa del gas. Sí, hoy en día así es el negocio del fútbol, pero siempre seguía siendo posible porque es fútbol desde abajo hasta arriba en un mismo sistema competitivo. Desigual, espectacularizado, pero continuo.

Un hilo larguísimo y estrecho pero que nunca se rompía y conectaba a la moral del Alcoyano o al paisano sobre un córner en el campo del Atzeneta con ese título en juego sobre la moqueta de un estadio con spider cam, con su inefable VAR y VOR en pleno prime time televisivo. Que parece invisible pero que no lo es. Que tiene mil rostros en la historia del fútbol. Tiene a Pellegrino lanzando un penalti blandito en una final que soñaron por dos veces los valencianistas, a Brian Clough y su Nottingham Forest, a la hinchada de Marsella, a Eusebio y su Benfica, al Ajax de Rinus Mitchels, a los jugones balcánicos del Estrella Roja antes de que naufragara la Yugoslavia de Tito, o al Steaua de Bucarest amargando fuera de programa en Sevilla una noche a los culés.

Adiós fútbol, hola codicia sobre la codicia

A partir de mañana, Superliga de la escuela de Chicago con dos sumos pontífices de la palabra de Hayek: Agnelli en su Ferrari sobre la selecta autopista de la constructora de Florentino. Se quedaban sin cash para comprar Cristianos y Mbappés. Ya no tendrán que batirse más sobre la helada hierba de Moscú o de Kiev para que un nuevo Shevchenko aparezca por Europa criado entre Dynamos y CSKAs sin haberse dejado comprar a los once años por un representante de una “Academia”. Adiós fútbol, hola codicia sobre la codicia. Y sobre la codicia la clase VIP de su fútbol de franquicias y pollo frito de Kentucky. Os maldigo como maldigo la destrucción de lo colectivo en manos de los vuestros. Aunque haya forofos lejanos como cómplices descastados. Esos que con camiseta blanca de bazar, de un fútbol enjaulado en televisores, aplauden como los monos del zoo mientras los señoritos les tiran cacahuetes. Maldito virus, ese que nos haría mejores. Mejores y más ricos. Pero a unos más que a todos los demás. Dueño de Amazon y trabajadores de Amazon, historia mil veces repetida desde que Fukuyama dijo que ya no había alternativa.

Nos quedamos sin fútbol como nos quedaremos sin tantas otras cosas en favor de la sacrosanta libertad de la cuenta en Suiza y los papeles en Panamá. Como nos van quitando lo que es de todos y en todos los colores. Nos lo quitan los que más tienen como te quitan lo nuestro, en plural, haciéndote un anuncio de rebaja fiscal a ver si se te quita el olor a pobre. Piscina, plasma, gorrita del Madrid y apuestita en bet365 que tributa en las Islas Caimán: “Cómo está el servicio en esas ligas de proletarios”. Que se nos quede al menos la vergüenza de ver como se acaba nuestro fútbol de barrio, de pueblo, de provincias, atascado en un ascensor social que nos sabotearon hace tantos años que ya nadie sabe en qué sótano estamos.

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