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Soledad Vélez, el gran salto

por | 25 mayo 2016 | Cultura pop

A algunos podría sorprender el crecimiento exponencial de Soledad Vélez, quizás a los más incautos, pero lo cierto es que los trabajos de la chilena han ido ganando empaque en cada una de sus composiciones.

SOLEDAD-VELEZ-VALENCIA

Parece lejana ya aquella segunda edición del concurso de maquetas de Vinilo Valencia allá por 2011, en la que los miembros de esta revista también formaban parte del jurado. Fue mi primer contacto con la música de Soledad, y su propuesta deslumbró por su calidad y originalidad, no cabía duda de las alegrías que estaban por venir.

Por aquel entonces, una dicharachera Soledad contaba anécdotas entre canciones para aplacar los nervios, anécdotas contadas con aquel acento extraño que se nos queda a aquellos que hemos dejado nuestro país de origen con la edad justa para no perderlo del todo, mientras adquirimos nuevos modismos y expresiones que con el tiempo hacen indescifrable nuestro lugar de procedencia.

Con su último trabajo Dance and Hunt (Subterfuge, 2016) nos muestra una seguridad en sí misma que deslumbra, seguridad que brinda un trabajo bien hecho y que supone un impecable paso adelante. Atrás quedan las comparaciones con Joanna Newson o las canciones que hacían pensar en la encarnación femenina de Devendra Banhart. En Dance and Hunt, a diferencia de sus antecesores Run with Wolves (Absolute Beginners, 2013) y Wild Fishing (Absolute Beginners, 2012) hay folk a cuentagotas, sobre todo en la primera mitad del disco. Disco que empieza con un bofetón electrónico, “Jeanette”, cuya caja de ritmos machacona recuerda más a la new wave de los ochenta que a todo a lo que nos tenía acostumbrados. El corte inicial es toda una declaración de intenciones, una señal de advertencia del álbum que vamos a escuchar. Se respira también algo de mala leche, no en forma de ira, sino más bien en forma de furia aguerrida a la hora de rasgar la guitarra con virulencia.

Hablaba antes sobre el empaque que han ido ganando sus canciones y eso es precisamente porque la alegría de su exuberante música se halla precisamente en los bordes que la enmarcan. Soledad se ha despojado de los tintes intimistas de sus dos discos anteriores y se ha reforzado con la incorporación de sintetizadores y cajas de ritmos huecas y potentes, que confieren un nuevo aspecto físico a las otrora melodías etéreas. Buena prueba de ellos es “Knife”, segundo corte del disco, que tiene un crescendo de una fuerza y desparpajo abrumador. “Asteroid”, en cambio, es más contenida y brumosa, deleitándose en su hipnótica voz. La pieza que sirve de nombre al disco, “Dance and Hunt”, reafirma la idea de disco vigoroso y rico en instrumentación, catapultada por una caja de ritmos disonante a modo de calambre en la espina dorsal de la canción.

No puedo terminar sin mencionar a “Nightmare”, el corte más Beach House del disco, una exquisita pieza sonora que ejemplifica el exquisito dolor de la melancolía. A ratos me recuerda a mis adorados Soda Stereo y a aquellas letanías afectadas cantadas por un Gustavo Cerati en estado de gloria. Si puedo llegar a permitirme tales comparaciones es porque, al fin de cuentas, Soledad ha crecido de una manera tan fulgurante, que incluso apagando las luces del set nos deslumbraría.

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