Siempre a medio camino entre el punk sesentero, el soul, el power pop, el surf… Demasiado rock n’ roll para la no wave, demasiado soul para la escena garagera, The Fleshtones siempre se las han tenido tiesas para encajar en un movimiento, no es casualidad que tardaran seis años en publicar su primer elepé, ninguna casa discográfica los quería: eran inclasificables.
Primer y apabullante disco
Y por fin, allá por 1982, la casa ROIR editó aquel clásico instantáneo, Blast Off!, punk y funk pegados con chicle, una batidora de percusiones y unos guitarrazos como calambrazos de 10.000 voltios, todo aderezado con la inconfundible voz de su cantante y dictador Peter Zaremba, quien años después declaraba: “Es una tragedia que esa grabación no saliese en su momento, en 1978. Habíamos descubierto la luna, pero no pudimos declararla nuestra, porque para cuando se editó otros ya se nos habían adelantado.”
Malditismo no impostado
Nunca persiguieron ese malditismo, no era su intención ser un grupo marginal paladeado solo por una minoría, su excentricidad y su inicial fracaso comercial no era algo pretendido, es que quizás simplemente se les pegó algo de todos aquellos grupos secretos y raros que escuchaban cuando empezaron, allá por mediados de los setenta, en plena eclosión soporífera de las estrellas mastodónticas del rock y los supergrupos. Tampoco es algo que les haya generado ningún estigma, ellos siempre han estado en esto por la diversión, porque se lo pasan en grande tocando en directo, y eso, amigo mío, es algo que han sabido conservar como nadie hasta nuestros días.
https://www.youtube.com/watch?v=DadnHEdhY8E
Fiestas sobre el escenario
Una celebración sobre el escenario, bailes espasmódicos, berridos, cervezas voladoras, un órgano Farfisa y alguna guitarra como daños colaterales después de cada actuación, ese era el saldo que facturaban en sus alocados inicios, y a día de hoy, la cosa no ha cambiado mucho. Salvo quizás por la destrucción de instrumentos. ¿Qué queréis?, uno se vuelve más sentimental con la edad. La cercanía con el público y la destrucción del espectador pasivo es una premisa que se cumple a rajatabla en sus directos, lecciones aprendidas del punk, las barreras entre grupo y público se derriban para crear una celebración conjunta en donde la multitud se convierte en un activo más del espectáculo.
Discos imprescindibles
Amén del omnipresente Blast Off!, en el que por cierto hay una aparición estelar de Alan Vega (Suicide) en “Rocket U.S.A.” aportando sus clásicas letanías vocales y característicos arranques de furia, todo esto bien salpimentado con la armónica de Peter Zaremba y una percusión frenética, pura delicia de sanatorio. A éste hay que sumarle Roman Gods (I.R.S., 1982) un guateque interminable de garage lisérgico y psicótico, canciones coreadas con la banda al completo, un poco de surf, un poco soul, pop punk siempre melódico y grandes dosis de diversión y bailoteo. Powe











