Una mirada valenciana a Arco 2024

por | 18 marzo 2024 | Exposiciones

Obra de LUCE.

Entre los días 6 y 10 de marzo tuvo lugar en IFEMA la edición de 2024 de Arcomadrid, una oportunidad única para intuir por donde discurre el estilo del mundo y para disfrutar con las obras de algunos de nuestros artistas favoritos.

En el sistema del arte las ferias son la columna vertebral de un entramado que conecta los mercados locales y la superestructura global, un trenzado lleno de nodos, líneas de contacto, flujos de interés, talento, creatividad, medios de comunicación, empresas y dinero que dibujan un mapa complejo lleno de interacciones e interdependencias. Hay citas con un impacto internacional y otras con influencias regionales. Son pocas las ciudades con un vigoroso mercado local; eso obliga a las galerías a esforzarse para superar los filtros de selección, a veces muy rigurosos, y poder estar presente en estos encuentros. Durante los cinco días que estuvo abierto el gran bazar del arte contemporáneo madrileño se pudo avistar por los pasillos de IFEMA esas figuras mitológicas tan deseadas, los coleccionistas.

Dice el pensador francés Gilles Lipotvesky que la hipermodernidad ha convertido estos encuentros internacionales no solo en un lugar de intercambios comerciales, sino también en un evento con una fuerte impronta mediática. La presencia de stands de los principales periódicos de la capital lo corroboró. Las obras de arte del tardocapitalismo, como nos enseñó Bourdieu, siguen siendo objetos de consumo que aportan capital cultural y estatus. La seducción del coleccionismo puede ser tan irresistible como la posible revalorización de esa inversión. En torno Arco hay algo de confusión, desde su origen la cita española contó con la vocación de ser un acontecimiento cultural para todo los públicos que paliara el déficit de centros de arte. Aún queda algo de ese espíritu multitudinario pero cada vez es más un encuentro para profesionales del sector. La burbuja económica de Madrid, como Kassel, no invita a la lógica pero insufla optimismo.

Llegamos a IFEMA a eso de las doce y nos dirigimos a 1 Mira Madrid a saludar a la familia. El stand tenía más bullicio que un puesto del bazar de Estambul. Una pieza formidable del valenciano LUCE ocupaba una de las paredes exteriores. Apunten su nombre o búsquenlo escrito en alguno de los rincones de la ciudad o sus bordes porque su crecimiento en las dos últimas temporadas está siendo tan rutilante como su talento. Dentro de ese espacio lleno de público y engalanado con obras sensacionales encontramos un rato de sosiego frente a una fotografía de Bleda y Rosa que nos atrapó por su sensibilidad, su belleza, su equilibrio y su capacidad para hacernos reflexionar sobre el paso del tiempo y las huellas de la historia. Fue estupendo encontrarnos con Chema López que exponía una pintura impecable, sobria y comprometida en Rosa Santos. También nos encantó saludar a Nico Munuera que presentaba en Moisés Pérez de Albéniz un lienzo con un azul tan evocador como el mar (foto). Las relaciones sociales son otro de los incentivos de este tipo de encuentros, por eso hay tantos artistas en la feria.

Cuatro galerías de la veintena que enriquecen la vida cultural de Valencia participaron en la edición de este año. La inversión para asistir es importante y los procesos de selección exigentes. Se debería valorar más el enorme esfuerzo que realizan durante el año para que podamos disfrutar de manera gratuita de exposiciones de primer nivel ¿Por qué no las visitamos más?¿Por qué nos las tienen más en cuenta? Si quieren saber que se lleva en esta temporada donde la corrupción y los pantalones de camal ancho han regresado con vigor sepan que el video está casi desaparecido, que la escultura y la fotografía están poco representadas, que el arte textil avanza con fuerza y que la pintura vuelve a cotizar alto. No hizo falta ninguna de esas obras sensacionalistas que agitan la polémica y hacen salivar a los medios para que el público volviera a llenar el recinto.

El ambiente distendido y optimista que encontramos en los pabellones de la feria contrastó con los tiempos turbulentos y con el olor a caza de brujas que se viven en la cultura valenciana. Pura disonancia cognitiva. El empeño del conseller Barrera por conseguir “ una cultura blanca que no sea un arma de colonizar conciencias” se está llevando por delante las direcciones de muchas de nuestras instituciones culturales. El campo está embarrado y las acusaciones y polémicas se suceden; son los destrozos de las guerras culturales. Hace tres semanas Nuria Enguita, directora del IVAM, renunció a su cargo en medio de una fuerte campaña de desprestigio. En su opinión, la consellería de VOX no le había brindado ningún apoyo. El pasado 14 de marzo nos sorprendió la noticia de que la señora Enguita había sido nombrada nueva directora artística del Museo de Arte de la capital portuguesa MAC/CCB. A partir de mayo nuestros vecinos podrán beneficiarse de su talento, sus conocimientos, su capacidad organizativa, su liderazgo y sus dotes para gestionar equipos y proyectos. Lisboa 1 Valencia 0 ¡Viva España!

Pintura de Chema López

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