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València 2001-2017: Estado de la cuestión (Parte II)

por | 28 mayo 2017 | Reportajes

Otro de los puntos de flexión en lo que llevamos de siglo ha sido la desaparición de RTVV, la radiotelevisión pública valenciana. Desgraciadamente, a estas alturas no cabe preguntarse hasta qué punto esa desaparición ha afectado a la difusión y vertebración de un panorama musical valenciano, ya que en la práctica los medios públicos valencianos renunciaron a ejercer ese papel mucho antes de su cierre.

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“El apoyo de RTVV hacia la música valenciana fue escaso – recuerda Rafa Rodríguez (Verlanga), salvo alguna anomalía concreta en algún programa. Aunque también es cierto que cuando eso ocurría no tenía el respaldo de la audiencia. Hay que recordar que Canal 9 acabó con unos índices pésimos de share”. “No creo que su cierre perjudicara al panorama musical valenciano porque no le prestaba atención –añade César Campoy (Las Provincias) – La desaparición de RTVV apenas perjudicó al panorama musical valenciano porque, salvo contadas excepciones, nunca acabó ejerciendo el papel que le tocaba: el de promocionar otros elementos importante de nuestra cultura, el pop y el rock, y hacerlo de manera efectiva, no cumpliendo el expediente. La mayoría de los espacios culturales (algunos de ellos, muy dignos) se emitía en Punt 2 (en sus diversas etapas). Además, el directo apenas tenía cabida en la programación de RTVV. Uno de los últimos intentos se produjo en el espacio Efecte Palomar, y tengo entendido que, en la franja en la que nuestros artistas actuaban, la audiencia caía en picado. Si a esto sumamos la progresiva desconexión de la ciudadanía valenciana con respecto a sus medios de comunicación públicos, debido a la pérdida de credibilidad de éstos, la catástrofe está servida”.

Esa falta de atención, esa falta de interés deliberado por el panorama musical autóctono genera la sensación de oportunidad perdida. Según Eugenio Viñas (CulturPlaza): “Hubiera sido trascendental si RTVV hubiera tenido una estrategia ambiciosa con la promoción artística de su territorio. La patética y terrible desaparición de los medios de comunicación públicos valencianos no afectó tanto porque… no estaba, no al nivel proporcional que debería haber estado. El mal endémico de la corporación en proceso de extinción es que nunca supo aprovecharse de los recursos naturales de su entorno: la creación y el talento artístico de sus ciudades. Después de mucho hablar con antiguos trabajadores y de mucho leer a quienes más saben del asunto queda claro que el caso de Canal 9 y Ràdio 9 fue, de nuevo, una muestra de cortedad de miras y de falta de ambición”. Pese a que Rodríguez y Campoy prefieren no especular acerca de la presencia musical en la nueva radiotelevisión pública, À., Viñas sí que deposita esperanzas en el cambio de actitud del nuevo ente: “De la futura RTVV no puedo más que esperar mucho. He de esperar que se abandone esa cortedad de miras y que exista una ambición excesiva. Ni las ciudades que componen el País Valenciano ni quienes lo habitan se merecen menos que la máxima ambición a la hora de generar contenidos viéndonos en un contexto internacional”.

Ese cambio de actitud depende de la administración. De una nueva administración. Tras décadas de gobierno del Partido Popular, con las consecuencias sabidas y sufridas por todos, si algo se esperaba del nuevo gobierno, tanto local como autonómico era un soplo de aire fresco, un giro de timón de ciento ochenta grados. ¿Se ha producido este cambio de tercio en lo que respecta a la relación de la administración y el panorama musical valenciano? “No – niega tajante Viñas –. El colectivo musical está especialmente mal organizado en comparación al resto de disciplinas. Las artes escénicas o el audiovisual, con quien comparte barco la música en el Institut Valencià de Cultura (antes CulturArts), están muy estructurados a nivel empresarial y hasta sindical. No es el caso. Eso debilita las voces de la música ante las instituciones. Quizá por eso la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana tiene una interlocución y ha girado muy satisfactoriamente su barco de posibilidades y ayudas. Mientras tanto, la música popular va a la suya, atomizada y con poca respuesta por parte de los gobiernos locales. Con los nuevos Gobiernos de la Generalitat y el Ayuntamiento de València ha cambiado poco la cosa, sinceramente. Pero si ponemos en una balanza el número de reuniones que han tenido sectores como el escénico o el audiovisual con las de los músicos, incluidos promotores de conciertos, etcétera, la desproporción da como resultado una muy pobre atención a las músicas populares”.

La coincidencia entre opiniones de los diferentes entrevistados para el presente artículo ni deja en buen lugar a la actual administración, ni pinta un panorama precisamente de color de rosa. Según Campoy: “La cultura, en general, y la música moderna en particular, siguen siendo, sin duda, una de las asignaturas pendientes de la Administración tras el cambio de gobierno. Las actuaciones puntuales y efectistas, que es lo que se ha llevado a cabo, tan sólo sirven para tratar de salvar el expediente de cara a la galería. La responsabilidad es de toda la sociedad, de acuerdo, pero la Administración ha de intentar, al menos, no poner trabas al desarrollo de ese panorama musical. Es indiscutible que, hoy por hoy, la situación del panorama musical valenciano no ha mejorado. Es más, desde que se produjo el cambio de gobiernos, apenas ha habido cambios”. Rodríguez sentencia: “Se hacen más conciertos coincidiendo con fechas concretas, pero para encima de los escenarios siempre se recurre a perfiles similares. Suelen ser conciertos gratuitos en los que el factor ocio acaba imponiéndose al musical. Debería hacerse un trabajo más de base (locales de ensayo, asesoramiento burocrático, becas, ayudas a la edición de discos, ayudas a las salas, promoción, trabajo en barrios, ….), de largo recorrido, pero eso no te da ni réditos instantáneos ni Me Gustas en Facebook. Medidas como la marca Musix para promocionar festivales que no lo necesitan es justo lo contrario que se espera de un gobierno con (se supone) cierta sensibilidad hacia la cultura. Algún paso se ha empezado a dar, como ciertos cambios en el concurso Sona la Dipu, pero pienso que el balance no es muy positivo”.

En definitiva, podría citarse a Julio Iglesias al decir que La vida sigue igual, ya que pese a la revolución tecnológica y la eclosión de festivales, que no consiguen suplir en absoluto la falta de atención de unos medios públicos inexistentes o la indefinición de una administración que no sabe muy bien qué hacer con el hervidero musical que está sonando a todo volumen justo bajo sus mismas narices, el panorama musical valenciano sigue arrastrando exactamente el mismo problema de siempre: la falta de un modelo por el que apostar y que a medio y largo plazo consiga generar una industria donde no la hay. Un circuito musical estable que sustente la actividad del día a día, y que genere verdaderos beneficios a sus participantes. Músicos que puedan vivir de su actividad musical, y no tengan que compaginarla con otros trabajos para poder subsistir. Festivales con personalidad propia en los que, paradojas de la vida, la música sea lo primero. Medios profesionales que supongan un importante aparato de difusión y vertebración del panorama musical. Una administración con un plan a largo plazo no sujeto a réditos inmediatos ni a vaivenes electorales, que sepa ver y aprovechar el potencial económico y turístico del panorama musical valenciano, y que contribuya a desarrollarlo, alimentarlo y exportarlo de cara al exterior. Todas esas cosas que hoy en día suenan a utopía.

Podría decirse que la situación sigue en punto muerto, cuando en realidad se agrava por momentos, dado que ese estatismo está echando a perder toda una generación de música popular valenciana tan productiva en cantidad como de indudable calidad. Y a la larga, si las nuevas generaciones ven que no hay ya ningún futuro en tratar de desarrollar una carrera musical, ¿seguirán decididos a gastarse la poca pasta de la que disponen en el alquiler de un local de ensayo? Cuando vean que no pueden, cuando menos, recuperar la inversión, ¿seguirán invirtiendo con ilusión en comprar instrumentos y equipo, en alquilar una sala, en meterse en una furgoneta para salir de gira? De este modo, tan solo los ricos de cuna, los rentistas y los que se tomen la música como un hobby en el que invertir su salario fijo mensual podrán mantenerse. La realidad es que no solo se está condenando al esfuerzo de toda una generación a perderse por el sumidero del inodoro, sino que se está cerrando la puerta a futuras generaciones a desarrollar una carrera musical con todas las de la ley. Y el portazo puede llegar a derribar la casa entera, esto es, la posibilidad de crear una industria de música popular valenciana. Un guión tan catastrófico que no se atrevería a filmar ni el mismísimo Roland Emmerich.

Afortunadamente, no es tarde, y la solución más inmediata es un cambio de actitud en un panorama en el que de forma tradicional cada uno ha hecho la guerra por su cuenta. Juntos, es la palabra clave. Entender que cada componente necesario del panorama musical (músicos, promotores, medios de comunicación, administración, público) formamos parte de un tejido, y que pretender el beneficio propio sin pensar en el del resto de piezas del engranaje, jamás permitirá que el motor acabe de funcionar y consiga transportar a esta escena del páramo en el que se pudre a un escenario capaz de alimentar tanto a la generación actual como a generaciones venideras. Y no hablamos de una utopía, sino de una meta perfectamente alcanzable, y por tanto, que no hay excusa para no intentar conseguir.

https://www.youtube.com/watch?v=JhLezRDKpHQ

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