Vancouvers: “No pretendemos hacer un revival” LA PÈRGOLA DE LA MARINA DE VALÈNCIA. SÁBADO 30 MARZO

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Cuando prácticamente nadie lo esperaba, han vuelto a reunirse. Más de veinte años después. Algunos aún guardamos un imborrable recuerdo de conciertos como los que ofrecieron en la sala Zeppelin en enero de 1995 o en Roxy en mayo de 1996, ambos en Valencia. Por eso la vuelta de los madrileños Vancouvers solo puede ser, a priori, una buena noticia. Al menos si mantienen el tono sobre el escenario. Fueron un verso suelto en medio de la efervescencia indie española de los noventa. Alma de pop vitaminado – power pop por momentos – bajo capas de rock acerado. Eso sí, siempre con una repercusión inferior a la que sus méritos (y su imponente pléyade de productores) auguraba. Hablamos con Juan Santaner, guitarrista, compositor y timonel del cuarteto que completan Marta Romero a la voz y también componiendo, Ángel Cubero al bajo y Kiki Tornado a la batería. El 30 de marzo estarán en la Pérgola de La Marina de Valencia junto a Luis Prado.

 vancouvers_funhouse-18_0067bnFoto: Juan Pérez-Fajardo

Estamos acostumbradísimos a la misma cantinela por parte de los grupos que se reúnen después de décadas: “nos juntamos y vimos que, muchos años después, surgió la química en el estudio”. Ese es el gran mantra. Entiendo que en vuestro caso toca creeros, ya que volvistéis para un concierto puntual (homenaje al fallecido Rafa Fustes, del Flamingo madrileño) pero tampoco es que seáis 091, ni siquiera los Surfin’ Bichos, a quienes resultaba obviamente rentable reunirse de nuevo porque había un público más que numeroso aguardando.
Nos lo habían propuesto varias veces en otras circunstancias, pero no lo veíamos claro. Nuestros últimos conciertos habían sido en una sala de Bilbao, en dos sesiones, con 400 personas cada una. Y en domingo. A finales de los 90. Está muy extendido eso de que éramos un grupo de culto, pero qué va: ¡Si metíamos un montón de gente!. El grupo funcionaba muy bien. Y en El Sol, en Madrid, presentamos disco dos días seguidos. Y llenábamos Revólver, que era una sala para 1.000 personas. Siempre hemos sido muy legales, muy autogestionarios, y no le veíamos sentido a las propuestas que nos habían llegado hasta ahora. Sim embargo, lo del tributo a Rafa (Fustes) sí lo tenía: yo pinché allí mucho tiempo, era nuestra amigo, y en su local nos juntábamos todos. Descubrimos mucha música gracias a él. Hicimos el bolo por él y por su familia. Lo que hiciera falta. Tocamos con Los Enemigos, Def Con Dos, Nada Surf y Los Coronas. Parroquianos del bar y amigos de Rafa. Al segundo ensayo nos dijimos: “¡madre mía, cómo sonamos!”. Excepto Marta (Romero), todos habíamos seguido tocando. Yo con Jet Lag, Kiki (Tornado) lleva con Def Con Dos toda la vida y Ángel (Cubero) es el bajista de L.A. Eran las canciones de la época, que ya tocábamos bien, pero ahora mucho mejor técnicamente. Y con el mismo espíritu. Y nos quedamos alucinados. En un par de semanas nos llegaron varias ofertas para hacer otras cosas, y dijimos que sí a todas. Nos sentimos fuertes y seguros. Pero sí, fue completamente casual. Real, sin ningún proyecto y sin ninguna ambición.

¿Cómo han ido los conciertos? ¿Os ha sorprendido la acogida del público?
Absolutamente. No pretendemos hacer un revival para los tipos que venían a vernos, sino que nos vean como el grupo que éramos y que seguimos siendo. De ahí la idea de seguir haciendo canciones nuevas. Por eso no queremos formar parte de carteles de revival. Queremos tocar con grupos de ahora. En Joy Eslava tocamos con Captains. Creo que hacemos canciones atemporales y de bastante nivel, que han resistido muy bien el paso del tiempo y merecen ser escuchadas ahora.

Dices que no érais un grupo de culto, pero yo sí tengo el recuerdo de que siempre fuistes rara avis para la época. Un grupo entre dos tierras: entre el indie del momento y el rock más tradicional de la escuela malasañera. Demasiado rock para los primeros y demasiado pop para los segundos. Algo desubicados ¿no?
Era absolutamente así. Incluso dentro de Malasaña. Ya ni te cuento cuando empezó el indie, que entonces era el noise. Nada de indie. Éramos muy punkis para los más modernetes y muy pop para los malasañeros. Tocábamos con los Pleasure Fuckers o con Los Enemigos. Imagínate. Muy al final hicimos bolos con Australian Blonde, que llevaban menos tiempo (yo ahora soy su manager), pero resulta que teníamos más que ver con los Australian del principio, que eran más pop punk, del estilo de Dinosaur Jr, que con los posteriores. Nuestro grupo de referencia eran Hüsker Dü. Lo que nos gustaba en esa época casi nadie lo conocía, ni siquiera en Malasaña. Los Replacements, Hüsker Dü o los primeros Green Day. Éramos raritos para la época. No se nos asoció a ningún movimiento, y ese operar en tierra de nadie al final puede ser una ventaja. El problema es que es no es comercial. Pero hicimos lo que quisimos siempre.

Igual con la perspectiva del tiempo, el no estar asociados a referentes muy coyunturales, puede haber incidido en que ahora se os vea como algo más atemporal e incluso vigente.
Sí, es lo que está pasando y lo destaca todo el mundo. Buscamos un camino diferente, ya fuera por nuestra circunstancias, nuestros trabajos, por lo que fuera. No vivíamos de la música. Podíamos haberlo hecho los últimos años, pero no nos hacía falta. Íbamos a nuestra bola. Hubo algunas ofertas de sellos y siempre elegimos la más rara y extraña. La equivocada. Es la marca de la casa. Un día hicimos una versión de Rod Stewart y otra de Kevin Ayers. El primero era despreciado por todo el mundo, te lo puedes imaginar. Y al segundo no lo conocía nadie, aunque viviera en Mallorca. Hablábamos de él, de Alex Chilton o de Stiff Little Fingers. Hacíamos incluso una versión de Carly Simon. Era el “You’re So Vain”, que casi nadie la conocía, porque esto del americana es también es algo más moderno.

Una cosa que llama la atención es vuestro ojo, o sagacidad, para haceros con productores de postín. Alex Chilton (Big Star), que incluso tocó en directo uno de vuestros temas, Mike Mariconda (The Devil Dogs, The Raunch Hands) y Scott McCaughey (Young Fresh Fellows, R.E.M.). Muchas bandas indies de la época hubieran matado por contar con ellos. ¿Cómo lo lográbais?
Cada uno tiene su historia. Chilton era uno de nuestros favoritos. Vino a Madrid en 1989, cuando solo teníamos dos maquetas. Se la dimos, eran cinco canciones. En aquellos tiempos no había internet ni teléfonos móviles. Al cabo de un mes, llegó a oídos de un pincha del pub La Vía Láctea, que Alex Chilton en su gira inglesa estaba tocando “Like a Sick Dog”, una canción de un grupo español que se llamaba Vancouvers. Algún español que estuvo allí se lo dijo. Al cabo de dos meses, nos llega una carta manuscrita de Chilton en la que nos dice que quería producirnos como fuera. Hay incluso un par de grabaciones de esa canción tocada por él. Una en Manchester y otra en Amsterdam, con sonido regulero. El orgullo absoluto. Y luego vino y nos produjo. Fue una locura. Con Mike Mariconda, pasó que se enamoró del grupo: él vivía en Madrid y como haciamos lo que hacían los grupos guiris, a él le gustaba. Ten en cuenta que el rock español visto desde fuera es muy extraño. Si vieras lo que dicen los guiris del indie español… se descojonan, claro. He escuchado a los Jayhawks diciéndome, sobre uno de nuestros grupos indies más populares, que esos no tocarían ni en el bar de debajo de su casa, en Minneapolis. Por ejemplo. Imagínate. El caso es que Mariconda se ofreció incluso como tercer guitarrista. Otra gran experiencia. El de Scott MacCaughey es un caso parecido al de Chilton. Conseguimos ser teloneros en una de sus giras, y flipó con nosotros. También hacía una versión nuestra, que además grabaron, “Bad Bad Bird”. Se vino y nos grabó el disco. No nos podemos quejar: a esto me refería con lo de malditos, puede que la gente no conociera a Chilton o a Mariconda, pero de malditos, nada. Aquello era maravilloso.

Curiosamente, el más logrado, y así lo recuerda la mayoría de la gente, fue Assorted Cookies (1994), producido por Paco Loco, el único español y el que menos nombre tenía entonces…
Le llamé un día y flipaba, no entendía cómo le habíamos conocido, siendo de Madrid. Él no había grabado entonces a nadie de fuera de Asturias. Nosotros seguíamos a Los Sangrientos, su grupo. A día de hoy es uno de mis tres mejores amigos. Con Jet Lag lo grabé todo con Paco. Para mí, es Dios. Buscábamos aquello que nos apetecía, no lo que nos recomendaban. Creo que aquel fue nuestro disco más redondo, en cuanto a canciones y sonido. Pero bueno, puede ser discutible. Yo creo que es el que más nos define. Paco aportó su personalidad, tan maravillosa y especial. Fíjate que ahora soy manager de Australian Blonde, trabajo con él continuamente, adoro a su mujer, Muni (Camón), que cantaba en los Maddening Flames. Somos familia y voy cada año al Puerto de Santa María (Cádiz) a pasar las vacaciones con ellos. Grabar con él fue una apuesta y un riesgo que asumimos. Como tantos.

Supongo que, aunque la vida haya cambiado mucho para cada uno de vosotros en los últimos veinte años, os cuidaréis de que el salir de gira ahora no enturbie la convivencia, que en su momento fue una de las razones por las que acabó la banda, unido a la ruptura entre tú y Marta, ¿no? Pocos conciertos, pero bien escogidos…
No, no, para nada va a ocurrir eso. Te he dicho que hubo intentos de reunión y nunca salieron porque quizá no estábamos en el momento de hacerlo. Pero ahora nos llevamos increíblemente bien. Somos como una familia. Con Ángel he tenido una relación continua, porque es de Mallorca como yo, y quedamos bastante. Con Marta y con Kiki tenía menos relación, y ahora quedamos incluso entre semana. Se puede decir que hemos recuperado todo: la química y lo agradable que resulta estar juntos, permanece intacto.

Incluso habéis grabado la primera canción de Vancouvers en 21 años, “Before You Hit The Ground”. ¿Avance de un posible álbum?
No tenemos proyecto ni presión. La idea es esa, de hecho estamos haciendo más. Ir grabando de una en una, a ver hasta dónde llegamos. Nos hemos sorprendido de la buena acogida de la canción en los conciertos, la gente ha flipado. Creo que es igual o mejor que muchas de las antiguas. Sin movernos del sitio, eso sí. Las reuniones falsas que desvirtúan el espíritu de un grupo son algo que odio. Fui de gira muchas veces con los Buzzcocks y soy muy fan de ellos porque tocaban igual que hace treinta años. Eran igual de punks. Ese es el espíritu. No reunirte para pervertir aquello ni para destrozarlo.

Tú has seguido ligado a la industria musical desde el otro lado de la barrera, podríamos decir. Tratando con bandas, con medios y con promotores, después de Jet Lag. ¿En qué medida todo ese bagaje profesional te sirve ahora, y qué diferencias ves dentro de la industria respecto a cuando empezaron Vancouvers, en 1989?
La diferencia es absoluta, y el nivel de profesionalidad es completamente distinto. Antes a la mayoría de conciertos íbamos sin saber lo que era un rider técnico. Ni el equipo que iba a haber en la sala. Ni el concepto de monitores, que en esa época apenas usábamos. Ahora hay todo tipo de exigencias. Y aquella escena, la de los noventa, era diminuta. No existía el concepto de festival: los que había eran para mil personas, como el festival rock de Almansa o el serie B de Pradejón. El FIB ni existía. Lo gracioso es que, en cuanto a medios y prensa, había muchísimos más. Muchas radios independientes, por ejemplo. Tocábamos en Valencia y salían luego cuatro reseñas del concierto distintas, en cuatro medios distintos. Y también salíamos en los grandes medios, en Levante y en El País. Pero la repercusión en cuanto a público era mucho más pequeña que ahora, tanto en salas como en festivales. El cambio ha sido radical.

¿Hay planes de reedición de vuestros discos?
De momento hemos logrado subirlos a spotify y otras plataformas digitales. Mucha gente nos pide hacer una recopilación. Un disco de veinte canciones. Ahora mismo estamos tocando dieciocho en directo, así que podría ser. Pero todavía no está decidido. De momento nos centraremos en las nuevas y en los directos.

Aquí creo tocaréis a plena luz del día, ante un público familiar, en La Pérgola de La Marina. Todo un signo de los tiempos, y de cómo ha cambiado todo. Más de aperitivo que de escapada nocturna.
Sí, pero fíjate que estos conciertos matinales, yo como manager que soy te lo digo, me parecen maravillosos. El público del rock, o del punk, se está reduciendo por muchas razones, pero queda la esperanza de estos conciertos por la mañana en los que hay niños, gente distinta a la que va habitualmente a las salas, y que son más tranquilos. No todo el mundo puede irse hasta las dos de la mañana de concierto. Y es mucho más caro. Me parece una idea maravillosa, igual que las sesiones vermut. Un lugar al que sí va todo el mundo. Yo he montado varios. El sábado pasado estuve en uno en Madrid, en la sala Cero, que era como una escuela de música para niños, con varios de cinco a diez años tocando versiones. Ya que no hay medios para difundir el rock entre los niños, es una oportunidad. Fíjate cómo funcionan grupos como Petit Pop o similares, que son maravillosos. Es algo en lo que tenemos que aprender mucho de los países anglosajones, que son los que inventaron esto. En lugar de La (puta) Voz, OT y similares, pues tener a niños haciendo o escuchando música de verdad por las mañanas, sin presiones y a su bola. Esa es la única cantera posible.