Hace ya tiempo que el Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina está consolidado como una cita ineludible para todos los amantes del séptimo arte. No sólo por tratarse de un festival único en su especie, sino por la calidad con la que han deleitado a los cinéfilos durante los últimos nueve años. Pero, como no sólo de cine viven la mujer y el hombre, La Cabina implementó en su pasada edición la sección Visuals; una serie de conciertos que servían como punto de encuentro entre la música en directo y las proyecciones audiovisuales.
Ahora, en el décimo aniversario de La Cabina, la sección Visuals consolida su importancia ampliando su presencia con dos fechas dobles que tendrán lugar los días 23 y 24 de noviembre en el claustro del Centre del Carme, un marco ideal para contemplar la espectacular puesta en escena que acompañará a cuatro de las bandas valencianas más en forma de la actualidad.
El primer asalto estará protagonizado por dos bandas que se mueven a través de los sonidos electrónicos, aunque partiendo de premisas radicalmente opuestas. Por un lado tendremos el synth-pop vaporoso y ensoñador de Salfvman, el proyecto musical que nos ha dado a conocer el talento de Sandra Rapulp. Desde que en 2015 viera la luz su primer EP, la valenciana ha ido puliendo una propuesta donde las atmósferas sintéticas se combinan con unas punzantes guitarras y una voz sugerente y delicada para componer un sonido orgánico y minimalista. Cada uno de los elementos que conforman los temas de Salfvman están dispuestos con la sutil precisión de un artesano, creando así un ambiente hipnótico y futurista que cautiva al oyente. En el repertorio de Salfvman encontramos piezas con un claro sabor a pop como “CYCA”, “Soy la mujer que te encontrará” o “Frecuencia modulada”; destellos new wave en “Noche en el spa”; coloridos tintes de funk tropical en “Futura mujer” o embriagadores sintetizadores ochenteros que engalanan temas como “Gran Baile” o “Game Over” y que no desentonarían en las bandas sonoras de “Mr. Robot” o “Stranger Things”.
En el lado opuesto del espectro nos encontraremos con Navvier y su peculiar amalgama de sonidos sintetizados y formalismos derivados de la música de cámara. La banda presentó a principios de este año “Pentathlon”, su primera referencia discográfica. En los cuatro temas que lo integran, vemos como convergen guitarras eléctricas, clavicordios, violoncelos, baterías acústicas y ordenadores, para dar lugar a una improbable sinfonía robótica. Ahora que mantenerse equidistante parece un pecado, resulta casi reconfortante encontrarse con un grupo capaz de situarse con los mismos grados de separación entre Daft Punk, Led Zeppelin y Bach.
Sólo hay que escuchar los primeros compases de “Taj Mahal” para darse cuenta de que la fórmula funciona y engancha. La energía visceral que desprenden las bases y los arreglos enaltecen la melodía clasicista de ascendencia barroca, desarrollando un estimulante diálogo entre los manierismos del presente y el pasado. Es difícil escuchar “H.A.R.P.S.” sin acordarse del Alan Parson’s Project y sus interpretaciones de la obra de Asimov; “Neon” nos introduce en el corazón de una “space ópera”, mientras que con “Zócalo” encontramos los más parecido a una canción pop. Siguiendo con el juego, la asombrosa capacidad para compaginar estilos de Navvier sería estupenda para adornar algún capítulo de “Mozart In Jungle” o, ya puestos, una revisión cyber-punk de “Barry Lyndon”.
Para la segunda jornada de conciertos será el pop de guitarras limpias y luminosas el que marque el tono de las actuaciones. Por una parte tendremos a Tardor, que acaban de estrenar nuevo disco, “Patraix”; el tercero en su colección y con el cual la banda ha iniciado una nueva etapa vital. En este nuevo trabajo, la banda ha presentado un ramillete de canciones sencillas, sin artificios, donde la melodía acapara el protagonismo con naturalidad. Con unas letras costumbristas y optimistas, aderezadas por una cristalina instrumentación donde los teclados subrayan con elegancia las texturas generadas por las guitarras, los nuevos temas de Tardor recuerdan en ocasiones los momentos más eufóricos de Quique González, Adam Schlesinger o La Granja. “Catamará”, “Vull que comprem una casa” o “La Corda” representan algunos de los puntos álgidos de un disco que podría funcionar como acompañamiento para una comedia romántica dirigida por Berlanga.
Como colofón del ciclo Visuals tendremos a Tórtel, la banda en la que Jorge Pérez lleva un lustro ejerciendo de alquimista pop para facturar algunas de las canciones más arrebatadamente hermosas de la escena nacional. Desde el encantador “Entusiasmo”, al más reciente “Transparente”, pasando por los ambientes tropicales de “La Gran Prueba”, la trayectoria de Tórtel no ha hecho sino marcar una senda en constante ascensión, donde la búsqueda de nuevas fórmulas y sonidos le han llevado a desmarcarse como uno de los músicos más versátiles y admirados de la ciudad.











