Vurro: cráneo privilegiado

por | 22 enero 2017 | Cultura pop

Envuelta en una aureola de misterio, llega a Valencia una de las propuestas musicales más originales y desquiciadas que se hayan podido ver en los últimos años sobre un escenario. Un híbrido hombre-vaca capaz de retorcer y dinamitar las estructuras y convencionalismos del rock & roll, para crear así nuevas y deformes criaturas sonoras.

vurro-valencia

Poco sabemos sobre quién se esconde bajo ese majestuoso cráneo bovino; tal vez nos encontremos ante un nuevo paso en la evolución humana, puede que simplemente sea un tarado que nos la quiere dar con queso. En uno de sus temas menos conocidos, Andrés Calamaro cantaba “Todas las canciones son iguales y parece que hablan de lo mismo”; una declaración que podríamos tomar con ironía pues estaba incluida en un disco tan proclive a la dispersión formal como era El Salmón (Dro, 2000). Sin embargo, si profundizas un poco en esa línea de pensamiento, rápidamente te das cuenta de que, si bien exagera, no le falta razón. Podemos encontrar cientos de miles de canciones construidas en torno a una sencilla progresión de acordes Do-Mi-Sol; prácticamente el grueso de la producción de la música popular y la mayor parte de nuestra educación sentimental y estética.

Por ello, cuando nos enfrentamos por primera vez con discos como el Trout Mask Replica (Straight, 1969) de Captain Beefheart o el Bone Machine (Island Recods, 1992) de Tom Waits, nos embarga una cierta sensación de rechazo. No estamos acostumbrados a escuchar obras que rompan tan conscientemente con lo establecido y lancen por los aires la estructura clásica del verso-estribillo-verso-estribillo. Si conseguimos superar esa impresión inicial, seremos capaces de profundizar en universos sonoros con una personalidad y un dramatismo que nos hubiera sido imposibles de imaginar. Lo mismo sucede con la música de Vurro. Cuando pinchas sobre uno de sus vídeos de Internet, lo primero que aparece en tu mente es la imagen de un tipo que se ha colocado una calavera de vaca sobre la cabeza y que aporrea sin compasión unos teclados y una batería; pero si escuchas con atención, pronto florecen descarnadas melodías de rock furioso, pasodobles psicodélicos o boggies destartalados. Todo al mismo tiempo.

Entonces te das cuenta de que el cráneo no solo le sirve para dar cornadas a los platillos, sino que cubre su voz con una pátina cavernosa que sienta como un guante a esas píldoras de blues desestructurado. Vurro nos recuerda los mejores y más valientes hallazgos sonoros de bandas como Atom Rhumba o Guadalupe Plata, pero los viste con una crudeza salvaje; los teclados suenan sucios e imperfectos, destilando un libérrimo espíritu de autenticidad que los hace irresistibles. En ocasiones parece poseído por las almas de un arrebatado Jerry Lee Lewis o o un Screamin’ Jay Hawkins desgarrador; eso sí, siempre bajo el manto de la extravagancia más disparatada.

Con Vurro hemos descubierto el One Man Band definitivo; con una presencia escénica imbatible y una técnica interpretativa tan fiera que sería la envidia de Dead Elvis & His One Man Grave o Reignwolf. Ahora sólo nos queda esperar que sus directos sean tan locos y vibrantes como prometen sus vídeos; de ser así, viviremos seguro una de las experiencias musicales más birrazas y emocionantes del año. Todavía no tengo muy claro si nos encontramos ante un genio o un demente… pero me encanta.

Suscríbete al boletín mensual

El podcast de Beat València

Así suena València en invierno

Artículos relacionados

Pin It on Pinterest