¿Y si el siguiente disco fuera la colección de canciones que estábamos esperando? ¿Y si esta vez el ramo de gladiolos estuviera de nuestro lado? ¿Y si en la próxima oportunidad su sarcasmo y sus salidas de tono reforzaran nuestras posiciones? ¿Y si, de repente, fuera como en los viejos tiempos cuando nos besamos bajo el puente de hierro hasta terminar con los labios doloridos? Querido demonio, estimado bocazas. ¿Y si al final terminaras tocando en el Palau de Les Arts de València el jueves 12 de marzo como estaba previsto? Esta ciudad cansada de borrascas, heridas y decepciones sentiría el alivio de una pequeña victoria. Please, please, please, por una vez en nuestra vida, permítenos conseguir lo que anhelamos.
The Smiths siempre será el lugar al que acudir, el joven Orfeo de Cocteau que se contempla extasiado en la portada de ‘This Charming Man’. Un fogonazo en el firmamento de los ochenta, cinco años frenéticos que nos dejaron decenas de singles imbatibles, cuatro álbumes excelentes y dos recopilatorios impecables. Finiquitados de forma prematura, no les dio tiempo a envejecer ni a traicionarse. “No había cumplido los veinticuatro, mi ciudad estaba a punto de convertirse en el centro del universo y para mí todo había terminado”, reconoció con tristeza Johnny Marr en una entrevista de la radio pública británica. El final de la amistad duele muchísimo, son montones de sal en la herida. ¿Lo veían venir cuando compusieron la lúgubre ‘I Know Its Over’ para The Queens is Dead (86)? Si ya no había lugar para la felicidad, entonces, como Wilde advirtió, tan sólo les quedaría espacio para la gloria. Su influencia no ha parado de crecer.
Stephen nunca fue lo que queríamos que fuera, eso siempre despierta admiración y recelos. Muchas veces nos pareció que evolucionaba en sintonía con esas zonas obreras del norte y de los Midlands protagonistas de las kitchen sink dramas que tanto le gustaban. Esas comunidades que inspiraron ‘Coranation Street’, tan importantes para superar los rigores de la posguerra, se vieron destrozadas con las privatizaciones de los bloques de casas del estado impulsadas por Ms Thatcher. El turbocapitalismo que vino con la globalización, la degradación de los servicios públicos, la llegada de vecinos de otras latitudes, la sensación de irrelevancia frente a la vida cosmopolita y los miedos e incertidumbres del nuevo siglo llevaron a muchos vecinos a refugiarse en la nostalgia del brexit y a simpatizar con propuestas xenófobas y ultranacionalistas. No me llames Stephen, le advirtió a Mike Joyce una noche de camino a un concierto, a partir de ahora soy Morrissey. Fama, Fama, Fama Fatal. Francamente Sr. Shankly, soy un naufrago enfermizo que quiere pasar a la historia de la música. Eso también lo ha logrado.
Hace unos días publicó Make-up is a Lie, otra colección de canciones que difícilmente conseguirá destacar en su discografía. ¿Cuándo fue la última vez que firmó una gran obra? ¿En 2004 con You Are The Quarry? Quizás sea así pero en sus quince álbumes grabados con su nombre hay decenas de piezas que son oro puro, clavos ardiendo a los que nos hemos aferrado para acompañarlo en su deriva. Como dijo Pascal: el corazón tiene razones que la razón no entiende.
El Morrissey adulto parece que siempre este enfadado, con los Simpson, con este mundo hostil, con los medios de comunicación que mienten y lo boicotean, con los políticos cobardes que nos gobiernan, con esos hipócritas bienpensantes que dictan lo que es correcto y cercenan su libertad de expresión, con la industria de la música que le impidió publicar nuevo material todos estos años. Todos en su contra menos su público que siempre estuvo a su lado, llenando las salas de conciertos cuando arreció la tormenta. “Una acometida, un empujón y la tierra es nuestra”. Que le quede claro a los poderosos que, como advirtió en su álbum de 2020, él no es un perro atado con una cadena.
Si al final decide presentarse en el escenario pirotécnico de la Ciutat de Les Arts i Les Ciències se encontrará con un Palau repleto de entusiastas que se hicieron con las entradas en cuestión de minutos. Y si le apetece despedir el set como hizo el pasado 28 de febrero en el 02 de Londres con ‘There Is A Light That Never Goes Out’ le prometeremos que si un autobús de dos plantas choca contra nosotros, morir con sus canciones será una forma divina de morir.










