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2021: los discos valencianos que explicaron el segundo año pandémico

por | 30 diciembre 2021 | Destacado, València

Los estertores de 2021 son un momento preciso para evaluar el impacto causado por la convulsión pandémica en los protagonistas de nuestra escena musical. Todos los elepés publicados este año han sido compuestos, en mayor o menor medida, bajo el influjo de la pandemia. Lo que no significa que todas las obras lo reflejen con igual énfasis o en su totalidad. En esta lista de veintidós discos valencianos notables, ordenados alfabéticamente, pero donde sobresalen los trabajos de Gener, Zoo, Sandra Monfort, Júlia, Flores y Maronda, conviven desde álbumes atemporales, introspectivos y costumbristas, a otros entregados al carpe diem, pasando por los de afectación o hartazgo, conformando así una foto fija bastante fidedigna de lo que fue 2021. 

 

Àlex Blat La Veritat 

El debut d’Àlex Blat, cantant de Tardor, pot semblar un disc senzill. Folk acústic, lletres concises i una producció austera, en la forma. Però el fons recull algunes de les pors que a tots ens regala l’inexorable pas del temps: la pèrdua de la infància, la ingènua sensació d’indestructibilitat juvenil o el vertigen davant el nostre lloc al món durant l’acostament a l’adultesa plena. Amb aquests ingredients, i una pandèmia incessable, el resultat podria haver sigut un treball fosc, però el compositor valencià aconsegueix, sembla que sense esforç, imposar el seu esperit vitalista per a conformar un disc granat de temes tan notables com la country “No seria jo”, la balada nostàlgica “Sant Rafael”, la quotidiana “Els llums de Nadal” o “Declaració d’intencions”, cançó que obri el disc, i en la qual l’autor fa balanç sobre les dificultats i dubtes de tot creador. Per Víctor López 

Escolta La Veritat


Cuello Venga

El quinto disco de Cuello posiblemente sea su trabajo más inmediato, al igual que su primo americano No Dream (Polyvinyl, 2020) de Jeff Rosenstock, Venga fue cocinado durante estos tiempos pandémicos y el resultado irradia vitalidad, nerviosismo y pocas ganas de perder el tiempo. Como su imperativo título indica, es hora de pasar a la acción y divertirse.

Aquí no hay espacio para la tranquilidad. Las letras de Jose Guerrero, siempre navegando entre lo críptico y lo jovialmente furioso, intentan cabalgar melodías desatadas cuya única finalidad es estrellarse en el muro del punk: “La saliva del atardecer” recoge la alegría de Superchunk, “Nene” desata un euforia heredera de los Green Day de Lookout Records y “La Resi” viste su himno a la conocida sala de conciertos con la alborotada brutalidad de Minor Threat. Incluso cuando el disco se acerca a terrenos más propios del emorock Cuello nunca pierden la perspectiva, y “Querida sobriedad” parece viajar hasta los años noventa para darse de cabezazos con The Promise Ring, mientras que la tormenta sónica con la que acaba la muy Weezer “Muy dentro no hay día” haría sonreír a J. Mascis. Por Pep Giménez     

Escucha Venga


Exfan Autoficción

Pat Escoin sigue engrandeciendo su importancia como leyenda del punk pop nacional gracias a los discos de Exfan. En 2019, la que fuera cantante de Los Romeos y Lula, se alió junto a Tommy Ramos (Depressing Claim, Los Reactivos) para ofrecernos un excelente debut capaz de canalizar la energía de Los Ramones y la vitalidad de The Muffs en efervescentes píldoras sonoras. Su continuación, Autoficción, no solo está a la altura sino que redobla la sensación de pura diversión a la vez que el dúo castellonense transita con éxito por parajes con cierto contenido social: en “La Bonita” hablan de prostitución sin caer en sensacionalismos, mientras la guitarras se acercan a la actitud riot grrrl de L7 o Bikini Kill. Por otra parte, en “Tú lo que quieres es luchar” abordan el tema del machismo, y las relaciones tóxicas, con valentía y un arrojo digno de la maravillosa Kim Shattuck.

Estamos, en definitiva, ante un sorprendente trabajo en el que uno puede encontrar destellos de optimismo para estos tiempos apocalípticos que nos ha tocado vivir (“Rezos y Alcohol”), conviviendo con canciones que podrían haber surgido del Pleasant Dreams de Los Ramones (“Puñales”) o los primeros discos de Blondie (“Rock Springs”). Por Pep Giménez

Escucha Autoficción


Flores Gloria

La gran sorpresa del año, y por partida doble. Por el cambio de tercio en lo estilístico y por su forma de conjurar el dolor por la pérdida de un ser querido mediante la celebración de la vida. Agarrándose a ella con fuerza. Sin lamentos plañideros. Sin cortavenismos. Con radiaciones pop de amplio espectro. Con vitalidad a raudales.

Quique Gallo había militado hasta ahora en Aullido Atómico, Midnight Shots o Tracahombres, grupos de rock and roll de rompe y rasga, garage rock o rhythm and blues. Pocas cosas más lejos de lo que ha abordado en su debut en solitario, una aleación de bossa nova, swing, doo woop, folk, ritmos jamaicanos y caribeños que fluye con la grácil sutileza de las cosas que se hacen con tiento artesanal y sin atender a las modas. Los siempre eficientes Jussi Folch, Xema Fuertes y Cayo Bellveser hicieron el resto en sus estudios Río Bravo de Xirivella, y Gloria (así llamado en recuerdo de su hermana) se convirtió en un trabajo tan atípico como atemporal, tocado por un halo especial. Uno de esos discos llamados a perdurar. Por Carlos Pérez de Ziriza

Escucha Gloria


Gener Esto no es un disco de Gener

El sensacional canto del cisne de Gener es como un salto con triple tirabuzón en honor a la valencianía pop de los últimos tiempos, la que (por diversos y múltiples motivos, tanto propios como ajenos) regatea réditos a sus mejores valedores. Lo dejan en su mejor momento creativo, cuando además se expresan en castellano – con la proyección que podría haberles granjeado – y sin una mísera posibilidad de traducirlo al directo. Abandonaron antes. Como una casilla de la quiniela que juega al 1X2 y acierta siempre, pero en negativo. La dimensión del absurdo solo es equiparable a la magnitud de su obra, aquí cifrada en personalísimas inmersiones en el pop levitante y ensoñador, en la psicodelia, en la cumbia, en el bolero o en el blue eyed soul.

Más libres, más aventurados, más desafiantes que nunca, Carles Chiner y los suyos se marcaron un tercer álbum a la altura de lo mejor de su corta carrera (que ya es decir), regalando sólidos argumentos a quienes pensamos, contradiciendo la bonita idea de que la música pop no sea una cuestión de competencia inter pares, que han sido lo más grande que le ha pasado a nuestra música en lustros. Se les va a echar mucho de menos. Por Carlos Pérez de Ziriza

Escucha Esto no es un disco de Gener


Goa Ultramaldad

Alejándose de los ritmos actuales, el artista valenciano Goa apuesta fuerte por el rock. El cantante se ha rodeado de grandes figuras de la música urbana como son Duki, La Zowi, LocoAlien o el productor Fish Narc, pero Ultramaldad supone el desapego, casi total, de lo urbano en favor de un rock afilado y enérgico, con bajos y riffs muy marcados, pero sin abandonar la esencia oscura que ha teñido sus temas a lo largo de su carrera.

Todo esto se venía anticipando en canciones anteriores como «Suicidal Thoughts» o «Tribute Song», que con la sutil presencia de las guitarras enmascaradas bajo una base de trap, entreabrían la puerta de lo que sería este nuevo rumbo. Goa no renuncia a la identificación de su persona con el mal y la muerte, tan presente en su discografía, entregándose al carpe diem y a la idea de vivir rápido y morir joven. Sus estrofas vienen cargadas de introspección, amor, desamor, fama y éxito, sin abandonar las miradas al pasado y cómo el artista no ha cambiado a pesar del transcurso de vivencias y años.

La intensidad de las instrumentales se va alternando a lo largo del disco, donde las melodías pegadizas y más elaboradas van oscilando entre ritmos más rápidos y lentos. Dicho de otra manera, estabilizan una balanza perfecta donde la rebeldía y la contundencia del sonido se contraponen con el sentimentalismo, la nostalgia y la emocionalidad de sus canciones. Desde las tinieblas y la más oscura decadencia, Goa nos lanza este nuevo grito en forma de álbum para dejar claro que el rock no ha muerto y que el estilo del artista toma un nuevo camino. Por Irene Roselló

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Hank Idory Sentimental Jamboree

Hace un par de años, Juancho Alegrete se convirtió en Hank Idory, y en ese momento se descubrió a un músico capaz de manejar todas las paletas de colores con el que se conforma el mejor pop. Su debut, publicado en 2017, nos recordó a un Matthew Sweet de buen humor capaz de dialogar con cierto rock español de los 80. Su continuación ha conseguido expandir, aún más, todo ese ideal melódico.

Sentimental Jamboree comienza con un “Nadie sabe nada” que parece analizar los tiempos confusos que estamos viviendo con el ímpetu vitalista del Paul McCartney de sus discos post-Beatles, mientras que “Por Primera Vez” sigue siendo el regalo (con aroma a los Posies más resplandecientes) que Hank Idory nos entregó en las primeras semanas de la pandemia. El resto del disco nos ofrece un maravilloso paseo espiritual por las calles de Glasgow (“Club de Astronomía”), las playas de California (“Un rayo de sol”) y el mítico bar El Penta (“Carrusel”). Por Pep Giménez

Escucha Sentimental Jamboree


Jimena Amarillo Cómo decirte, mi amor

Si la música es pura emoción; calma, tranquilidad y dulzura es lo que se escucha entre las canciones de Cómo decirte, mi amor. El disco debut de Jimena Amarillo representa la visión romántica de la artista, con un toque muy personal y cercano. Su pop es preciso y certero, sin pelos en la lengua a la hora de hablar de sentimientos, pero también aparecen leves pinceladas de otros estilos, como los ritmos latinos y urbanos.

Relatar con una naturalidad y habilidad impasibles la cotidianidad de la vida, el amor y el desamor es una de las grandes virtudes de cada uno de los diez cortes del elepé. Aunque si hay algo que destaca por encima de todo, es la dulzura y la delicadeza de su música, reflejadas no sólo en su voz, sino también en su manera de escribir y en su sonido. Todo remarcando la importancia de los coros, teclados desenfadados, líneas de bajo contundentes y guitarras relajadas; sin abandonar una estética un poco naíf y lo-fi que aporta ese toque inocente y analógico a sus temas. 

Sin duda alguna, Cómo decirte, mi amor pone a la cantante valenciana como una de las artistas revelación por excelencia de este último año. Jimena Amarillo encarna el romanticismo en primera persona y a cara descubierta, ensalzando la pasión y los sentimientos de amores que todo lo pueden… o lo han podido. Por Irene Roselló

Escucha Cómo decirte, mi amor


Júlia Casa

Nos tiramos gran parte del año pasado encerrados ahí. En casa. Pero Lídia Vila y Estela Tormo utilizaron la reclusión forzada para demostrar que, cuando el talento y la imaginación concurren, cuatro paredes bien pueden ser el salvoconducto para arañar el mejor de los escapismos. El de esa música pop que se nutre de la ensoñación, del magnetismo de lo volátil, de la audacia de quien no impone límites a su creatividad.

El tercer álbum de Júlia fue a la vez el disco más complejo y más directo de su carrera. Su génesis conceptual no fue un lastre, en ningún momento. Más bien la excusa para convocar a Depeche Mode, The Smiths, Thom Yorke, Metronomy, Kraftwerk, Caribou, Kings of Convenience o Everything But The Girl (no me lo invento, ojo: me lo dijeron ellas, y en algo sí que se nota) en la Vall d’Alcoi para nutrirse de su laboriosidad fabril y de su tradicional hálito poético. El resultado fue un disco fascinante, que no debería ser objeto de ninguna catalogación por origen ni estilo. Si lo hubiera facturado la última banda cool de Williamsburg o de Brooklyn, Pitchfork lo hubiera aupado a su altar y media humanidad estaría babeando. Tal cual. Por Carlos Pérez de Ziriza

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Junior Mackenzie Now that we are dead

Junior Mackenzie nació como proyecto personal de Juan Fortea, y con discos como Files Of Life (Autoeditado, 2017) ha ido proponiéndonos un rock entre contundente y lírico capaz de envolver con un toque personal influencias americanas como el country o el blues. Su nueva entrega, Now That We Are Dead, puede que sea su trabajo más ambicioso hasta la fecha, o por lo menos se revela como aquel con el que el músico de Benicàssim sube la apuesta, afortunadamente el resultado es magnífico y supera con nota la prueba.

La colaboración con Aurora García (Aurora & The Betrayers) en “Bird With No Feathers” exuda pasión, furia y energía desatada siguiendo la senda de los mejores Black Keys; lo mismo se puede percibir en “Don´t Become a Liar”, un pelotazo sonoro de estructura funky que invita al baile frenético y sudoroso. Sin embargo, Junior Mackenzie también triunfa cuando se adentra en otros terrenos: “Key In the Sea” recuerda en su espíritu épico a Band Of Horses, mientras que “Sunny Days”, “Loneliness” o “Unforgiven” nos muestran el lado más melancólico, frágil y emocionante de su autor. Por Pep Giménez

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La Fúmiga Fotosíntesi

Recintos abarrotados, notable venta de discos a nivel estatal y un mensaje optimista y festivo. Miles de fans y una cohorte de influencers, más fans que los propios seguidores anónimos, sustentan un mensaje robusto: la música como entretenimiento vitalista. Todos necesitamos que Pottersville vuelva a ser Bedford Falls.

Que una banda de chavales, que proviene de xarangas de La Ribera Alta, haya conseguido este éxito popular, merecido, incontestable y tras mucho trabajo a sus espaldas, debe entenderse como un proceso similar al de otros grupos estatales, centrados en fórmulas pop contemporáneas de elaboración musical, sin pretensiones rupturistas o de vanguardia, y con una singularidad valenciana: el apego a la música de calle, y la mezcolanza entre la tradición de la música de viento y el pop. Tienen un método adecuado a las demandas de su tiempo, funciona (algo inusual en el ecosistema valenciano), y eso hace de Fotosíntesi un disco relevante. Por Víctor López 

Escucha Fotosíntesi


Laura Esparza i Carlos Esteban Espais

Si amb el seu debut, (Mare Natura, 2020), Laura Esparza i Carlos Esteban apuntaven a la hibridació de gèneres com a fil conductor de la seua obra, Espais aprofundeix el camí i confirma el gran moment compositiu del duo valencià. Allò fonamental, com són les lletres i la veu de Laura, mantenen amb solvència un àlbum afinat per una encertada producció, a càrrec de Bearoid, amb estàndards sonors de la modernitat. Així, temes com «Altamar», «Selva» o «Ciutat» es revelen rotunds en la seua nuesa, «Granada» es conjuga amb brillantor gràcies a la fluïdesa del r’n’b més delicat, mentre que en «Jardí» i «Bosc» els ritmes ballables i les atmosferes dionisíaques accentuen la varietat cromàtica de l’obra.  Per Víctor López 

Escolta Espais


Lisasinson Perdona Mamá 

Estas valencianas son la prueba palpable de que el sonido punk pop está lejos de desaparecer y que incluso, hoy en día, goza de una excelente salud. Su disco de debut no duda en recorrer, de manera eficaz, todas las fases que componen este subgénero: desde su primeros pasos, siguiendo los desamores de Ramones y The Undertones, hasta el mal llamado tonti pop, con exquisitos caramelos sonoros, de formaciones como Juniper Moon o TCR, pasando por The Rezillos, Aerolíneas Federales, The Muffs y otros grupos que hicieron del punk pop el parque de atracciones perfecto para escapar de nuestro mundo gris, por lo menos durante unos minutos.

La canción con la que se abre el álbum parece toda una declaración de intenciones: al principio “Atasco” mira hacia la dulce ensoñación de las girls groups de los 50 y 60, pero rápidamente se transforma buscando la energía vitaminada de The Shop Assistants y la generación C-86. Esta vitalidad sin límites se repite en gran parte del álbum, por ejemplo la inmediatez de “Corazón” hereda la colorida furia de la que siempre hizo gala Kim Shattuck, mientras que “Canción para mi crush” enlaza el pop de la movida de Las Chinas o Los Bólidos con la juventud millennial y “Discoteca” acaba moviéndose en unas coordenadas melódicas donde se encuentran Joey Ramone y Airbag. Por Pep Giménez

Escucha Perdona Mamá


Luis Prado El tsunami emocional 

Dels llocs comuns del periodisme musical, el de referir-se a Luis Prado com un dels grans compositors de les últimes dècades, des de The Flauters, passant pels enormes Señor Mostaza, sempre serà un top ten. L’existència d’aquests llocs comuns ens ajuda a eixir del llit cada matí sense la necessitat vital d’obtindre un pulitzer per a continuar respirant. Això és exactament aquest disc, una manera de filtrar el millor que li ha passat a la música popular del segle XX per a poder continuar agafant aire durant la típica pandèmia mundial del dilluns (McCartney, Leon Russell, Randy Newman i Jeff Lynne donant una xarrada TED en pijama, en la saleta de casa, mentre Andrew Lloyd Webber aplaudeix menjant dònuts). Tant de bo Luis publicara un disc cada setmana. Per Víctor López 

Escolta El tsunami emocional


Mafalda Les Infelices

Si hay un disco valenciano que destila hartazgo generacional es el quinto álbum de estudio de Mafalda. Y es que los treintañeros se han tragado dos crisis económicas, y una pandemia, en ese momento que transcurre entre la primera búsqueda laboral y la planificación de una futura vida adulta con algún cimiento que ofrezca equilibrio. La consecuencia lógica es la radicalización en forma y fondo: las guitarras rugen y los versos muerden. El reparto indiscriminado de obleas y de alaridos hardcore está justificado («Los Infelices», «Cura sana», «Aunque reviente»), aunque sin abandonar la virtud multiestilística del combo, rico en ska, reggae, punk y ritmos urbanos.  Por Víctor López 

Escucha Les Infelices


Maluks Som i vibrem

Si al 1898 la societat civil del país (o el que s’entenguera a la fi del segle XIX per opinió pública) va sentir la pèrdua de Cuba, més de cent vint anys després el so de l’Havana ha envaït Benimaclet. I ho fa com a revolució feminista, ballable i disfrutona, en la qual la cultura popular, festiva per definició, s’apodera com a manifestació de supervivència en una joventut marcada pels grisos des de fa massa temps. L’àlbum debut de les valencianes és un compendi de ritmes electro cúmbia, vibracions llatines i sons jamaiquins acompanyats de lletres reivindicatives, marcadament feministes, de radical actualitat. Per Víctor López 

Escolta Som i vibrem


Maronda Canciones de Vino y Siembra

En un principio, lo nuevo de Pablo Maronda podría sorprender, dado que en Canciones de Vino y Siembra ha decidido dar el paso de un pop con toques indies a un folk recogido y ciertamente campestre, pero en realidad estamos ante un músico que lleva demostrando desde La Orfebrería Según los Místicos (2013) una constante evolución en su fascinante manera de plasmar ideas y melodías.

En este nuevo trabajo nos toma de la mano para llevarnos a tres lugares sonoros distintos: primero a la campiña inglesa de días lluviosos y hierba siempre mojada, allí habitan canciones como “Este pan que yo parto” o “La ausencia” que dialogan con la herencia de Nick Drake o Fairport Convention, después aterrizamos en algún lugar tranquilo de Laurel Canyon con “Diez días sobrio”, “Vincent” e “Intrusismo” siendo bañadas por el sol mientras atraen las miradas (y oídos) de Joni Mitchell y Gram Parsons. El viaje termina en la España de los 70, la de las paredes con papeles pintados, y vacíos campos protagonistas de películas de Víctor Erice, por allí deambulan “La propia inercia” y “El regreso del vigía intermitente de los páramos”, ambas recuperando de forma mágica el preciosismo lirico de Vainica Doble y Cecilia. Por Pep Giménez   

Escucha Canciones de Vino y Siembra


Ramirez Exposure Exit Times

Con Young Is The New Old (Munster, 2017) Ramirez Exposure se confirmó como uno de los grandes orfebres del pop en la actual escena musical valenciana, su nuevo trabajo no solo no pierde ni una pizca de la magia que caracterizó a aquel disco, sino que la eleva a nuevos niveles de luminosidad sonora. Las canciones que nos propone Víctor Ramírez se fundamentan en un plácido power pop que mira tanto a grandes alquimistas melódicos (no es casual que en la portada de Exit Times aparezca Brainwashed de George Harrison) como al sonido indie de East River Pipe y The Posies (precisamente Ken Stringfellow es uno de los músicos que han colaborado en este disco).

Nos encontramos con varias dianas pop que no puedes parar de tararear: “The Rituals” nos sitúa cerca del Matt Sharp de The Rentals, mientras que “Bridges and Roads” es capaz de transmitirnos el calor íntimo de un Cat Stevens cantándole a Harold y Maude. La dulzura melancólica de temas como “A Silly Ode To a Serious Love” o “Another Fool With a Good Heart” mercería sonar en una comedia de los hermanos Farrelly, justo en el momento en el que Ben Stiller se enamora por primera vez de Cameron Diaz. Por Pep Giménez       

Escucha Exit Times


Samuel Reina Prohibido hacer fuego

 

A veces uno imagina a Samuel Reina ardiendo en la hoguera del Santo Oficio, en la Moncada de 1540, clamando al cielo “Mientras España me olvida”, y otras lo ve acechando a la comitiva de Alfonso XIII, con una bomba Orsini bajo el abrigo, mientras recita “Pasarse el Sekiro”. Después escucho “Pa siempre es mi corona”, un tema de dos minutos con mil aliens en su vientre, y le votaría para presidir la Primera República Federal Ibérica. Y todo encaja, porque Krahe, Aute y Brassens siguen vivos en l’Horta Nord, y conducen dirección contraria con los ojos cerrados por la A-7. Es probable que su reino no sea del mundo de la industria musical, pero hay pocos letristas similares al montcadí en 1.000 km a la redonda, y pocos narran así La Gran Desesperación Pandémica. Por Víctor López 

Escucha Prohibido hacer fuego


Sandra Monfort Niño Reptil Ángel

 

Sandra Monfort va començar en Xaluq, grup que indagava en les arrels de la música tradicional valenciana. En 2018 crea Marala, al costat de Selma Bruna i Clara Fiol, que continuava posant el focus en l’arrel, però aquesta vegada amb el nexe d’unió català i balear. Ara, llança en solitari “Niño Reptil Ángel” on podem vore com la tradició es complementa amb textures electròniques i arranjaments d’avantguarda, i combinant castellà i català. És un canvi radical, i al mateix temps un revestiment de noves sonoritats sota les seues temàtiques anteriors. Encara que el que realment suposa aquest àlbum per a l’escena valenciana és un exultant salt qualitatiu que hauria de col·locar a la de Pedreguer en una lliga similar a la de Maria Arnal i Marcel Bagés, los Hermanos Cubero o Califato 3/4. Per Víctor López   

Escolta Niño Reptil Ángel


Santero y Los Muchachos Cantina

Hay dos cosas que un músico no puede esconder: sus vicios y sus referentes. De tragos y cigarros va bien servido este Cantina de Santero y Los Muchachos. Benditos bares de rock valencianos, cada día más escasos, por cada músico brindando hay tres plumillas musicales empinando el hacha. Sobre referentes, la banda valenciana sabe latín, son una metainfluencia, ya que el núcleo duro proviene de los indispensables La Pulquería, y algo queda de aquellos corridos chingones en los reflujos de hoy («Qué voy a hacer» es una canción redonda).

Miguel Ángel Escrivá, compositor y vocalista, es un exquisito contador de historias, probablemente todas ciertas, pero lo que ha logrado en esta obra es una colección de magnánimos balazos de rock añejo («Carretera del Saler», «Brindis escoba», «El tipo del espejo») que superan el mero ejercicio de estilo para confirmar Cantina como uno de los discos del año. Por Víctor López 

Escucha Cantina


Zoo Llepolies

Ni un verso sin fuerza, ni un monete sin plátano volcánico de La Palma: el exceso como arma de presente para la música valenciana. Llepolies es el Sgt. Pepper’s de los de La Safor. Con un Panxo convertido, definitivamente y sin pretenderlo, en el rimador más influyente de su generación, y una producción poliédrica que dicta el sonido de la contemporaneidad, este trabajo encamina la voluntad contestataria y, a la vez, festiva de las masas. Algo que ya hicieron otros grupos autóctonos desde los años 90, pero ahora con un punto de ruptura: aquí no hay esencialismos románticos del espíritu de los pueblos, aquí hay defensa a ultranza de las diversidades oprimidas, las clases populares, las brujas y los herejes que no caben en el país ideal de los reaccionarios.

Sin sermones pero con ráfagas de ironía ante los nuevos populismos ultranacionalistas y las viejas monarquías esquilmadoras. Rap electrónico excelso, y entregado al disfrute de los placeres de la vida, para convulsiones globales de unos años 20, del siglo XXI, marcados por la incertidumbre personal y colectiva. Por Víctor López 

Escucha Llepolies


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