No fue durante la cuarentena que las mujeres nos echamos a la calle TRIBUNA ABIERTA

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Durante la cuarentena, en mayor o menor medida, todas hacíamos la compra, íbamos a la farmacia, paseábamos al perro y nos dedicamos, en definitiva, a todas aquellas actividades cotidianas que tan íntimamente relacionadas están con los cuidados. Los cuidados informales, es decir, aquellos cuidados que no tienen retribución económica, aún hoy recaen casi en exclusiva en las mujeres.

Sophie-Lousntak- Foto: Sophie Lousntak

Además, a raíz del Estado de Alarma, hemos tenido que doblar nuestros esfuerzos por mantener el hogar no sólo limpiosino también desinfectado y libre del virus. Durante el confinamiento, al restringirse los horarios de paseo, el caminar tranquilamente por la ciudad se convirtió en un privilegio, cuando no en una necesidad. Tanto hombres como mujeres ansiábamos salir a la calle. También debido a esta situación extraordinaria, se impuso el uso de la mascarilla como protección frente a la COVID-19. Paradójicamente, esta herramienta de autocuidado, junto a la desescalada, ha resultado ser un elemento más que ha puesto en relieve lo que ya llevábamos sabiendo muchas: la calle no nos pertenece.

Actualmente, en la ciudad que transito diariamente, un nuevo plan urbanístico está peatonalizando varias zonas de la urbe, en su mayoría turísticas y céntricas. Más área para los peatones significa en realidad más espacio para las mujeres, las cuales según diversos estudios hacen mayor uso del espacio urbano así como del transporte público, mientras que los hombres prefieren desplazarse en coche. (1)

Sin embargo, aunque este incremento de la zona peatonal alivia la ansiedad que produce el flujo ininterrumpido de coches y sus posibles peligros, las mujeres nos enfrentamos a otra amenaza constante: el acoso callejero. Y es que, aunque el acoso callejero existía mucho antes que la pandemia que vivimos, con esta (contando incluso con la imposición de una distancia de seguridad), no sólo no ha desaparecido, sino que parece que sólo hace que aumentar.

Alrededor de todo el mundo se han registrado casos de acoso callejero y violación durante la cuarentena. Podríamos decir que en la llamada nueva normalidadlas actitudes de acoso se parecen demasiado a las de aquella vieja normalidad, de no ser por la aparición de un elemento de uso diario al que no estábamos acostumbrados: la mascarilla. Este complemento obligatorio que tapa nariz y boca, y sólo deja ver los ojos, es utilizado en todo el mundo como medida de protección. Pero aunque hombres y mujeres utilizan la mascarilla para realizar sus trayectos por la ciudad de forma segura, las distancias continúan sin vivirse igual.

Mientras que las mujeres quedamos más expuestas por el uso de la mascarilla, ya que la atención inevitablemente se centra más en el cuerpo, parece que los acosadores, al llevar  el rostro cubierto, quedan en una suerte de anonimato que les beneficia y les impulsa a actitudes misóginas. Actitudes que, cabe recalcar, ya tenían anteriormente a cara descubierta. Incluso, debido a nuestra nueva situación mundial, se ha abierto un debate en torno a si sería de rigor aplicar la llamada agravante de disfraz(prevista en el Código Penal) (2) al cometer un delito portando la mascarilla ya que oculta el rostro y dificulta la identificación del sujeto.

El problema es que aunque actualmente la Ley pena con trabajos comunitarios, multas e incluso arresto domiciliario, el acoso callejero, entendiendo este como expresiones, comportamientos o proposiciones sexuales o sexistas que creen una situación objetivamente humillante, hostil o intimidatoria (3), sólo es posible dicha pena si se tramita una denuncia. Por desgracia, el acoso callejero está mucho más interiorizado de lo que creemos y acaba siendo un trámite diario más que debemos soportaro una anécdota desagradable que olvidar (si se puede). Sólo hay que ver que también se llama acoso ocasionalal acoso callejero, cuando la realidad es que no tiene nada de ocasional. Al contrario, en estos tiempos son frecuentes las miradas que incomodan y los murmullos casi inteligibles bajo la mascarilla.

No obstante, es necesario recordar que estas actitudes  de acoso no dependen de la cantidad de tela que cubra nuestro cuerpo o nuestra cara, sino de la laxitud con la que se juzgan dichas actitudes y el estado de vulnerabilidad en el que aún se encuentra la mujer en el entorno urbano. Vulnerabilidad que se acrecienta en situaciones límite como la que estamos viviendo, donde protegernos implicaría no sólo contar con medidas sanitarias, sino con un cambio de paradigma donde las mujeres no seamos propiedad pública.

Sophie-Lousntak Foto: Sophie Lousntak

 

Eva Ibáñez Soriano (València, 1993) es graduada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y Máster en Profesor/a de Secundaria en la Universidad de Valencia. Ha participado como ilustradora en eventos como Tenderete (Centre del Carme, Valencia, 2018) o Atomic Art (Convent Carme, Valencia, 2019), entre otros. Ha sido coordinadora de artistas en exposiciones como Valencia Capital Animal (Centre del Carme, Valencia, 2017) y Mediapolitik_02 (STANDARD, Valencia, 2018). También ha trabajado como profesora y guía de museo.

 

1Women4climate. (s.f). A gender perspective in urban mobility. Barcelona plan for justice 2016-2020. https://w4c.org/case-study/better-city-everyone-case-study-barcelonas-gender-justice-plan
2Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, de las circunstancias que agravan la responsabilidad criminal. Boletín Oficial del Estado, 281, de 24 de diciembre de 1995, 15. De las circunstancias que agravan la responsabilidad criminal. BOE núm. 281, de 24/11/1995. https://www.boe.es/buscar/pdf/1995/BOE-A-1995-25444-consolidado.pdf
3Espinosa, J.A. (2020). La reforma de los delitos sexuales. Esquemas sobre el anteproyecto de ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual y sus efectos en la legislación penal. http://masterabogacia-umh-icae.edu.umh.es/2020/04/22/esquemas-efectos-anteproyecto-de-ley-organica-garantia-integral-de-la-libertad-sexual-sobre-la-legislacion-penal/

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