Phil Ochs, el músico derrotado

por | 6 marzo 2017 | Cultura pop

Cuando se habla de los muertos del rock, fruto de diversos excesos relacionados con el consumo de drogas y alcohol, da la impresión que este final entra en las probabilidades de dedicarse a la música moderna. 

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A poco que rastreemos la historia de la música popular, nos aparecen de inmediato nombres de sobra conocidos, que abandonaron este mundo de manera prematura, englobando el santoral laico del rock and roll. Desde Jimi Hendrix, hasta Janis Joplin, pasando por Jim Morrison, Amy Winehouse, Ian Curtis o Bon Scott, todos desaparecidos fruto de esa combinación de excesos y fama inmediata.

Pero la historia de la música popular de la segunda mitad del siglo XX, también tuvo otras víctimas, como el cantante estadounidense Phil Ochs. Este formaba parte de aquellos músicos folk que, aunque inicialmente alejados de los circuitos directamente relacionados con el rock, popularizaron la canción protesta como arma de transformación social, como medio para la creación de una conciencia política que superara el capitalismo, y creara un mundo socialista. Objetivos hoy en día olvidados, pero que en la década de los años 60 formaban parte de la hegemonía de la izquierda que se manifestaba en todos los ámbitos de la cultura, como reflejo de una mayoría social dispuesta al cambio.

Estos músicos, me niego a utilizar el reduccionista término de cantautores, sufrieron la paradoja de empezar sus carreras gozando no solo de públicos numerosos y entregados sino de una influencia musical que del folk pasó rápidamente al pop y al rock, ayudando a que éste entrara en su mayoría de edad, haciendo que se pasara página de ingenuas canciones, a otras donde aparecía de golpe toda la problemática social del momento, cuando no declaradamente políticas. “Revolution” de The Beatles o “Street Fighting Man” de The Rolling Stones son ejemplos de esto. Sin cantantes como Phil Ochs, el rock hubiera sido una cosa muy distinta.

La carrera de Phil Ochs despegó en 1964, aunque se había iniciado dos años antes, cuando de la mano de Bob Dylan, judío como él, comenzó a darse a conocer, primero en New York, y después en el resto de los EEUU. Con letras ácidas sobre la sociedad estadounidense, Phil Ochs recogía y actualizaba la tradición musical sindicalista y pro derechos civiles. Desde la denuncia de la caza de brujas de McCarthy hasta el desorbitado precio económico de la carrera espacial, pasando por la siempre dura vida de la clase trabajadora, todo ello tenía cabida en las canciones de Phil. Y cómo no, Vietnam y la genocida agresión que los EEUU llevaban a cabo en aquel lejano país, que desangraba además a una generación de jóvenes estadounidenses.

Su voz y sus canciones abrieron rápidamente un espacio propio en el mundo del folk del Village neoyorkino, sin necesidad ya de la cobertura del genio de Minnesota. De la mano de Folkways Records llegaron sus primeras grabaciones, y con ellas los conciertos, las entrevistas y las actuaciones en el Festival de Newport que le convertirían en el referente de la llamada canción protesta.

Pero la década prodigiosa acabó y los 70 venían acompañados de nubarrones conservadores. Muchos decidieron dejar de luchar, pero Phil Ochs no. Él seguía en guerra contra Nixon y el FBI, contra Vietnam. Nada había cambiado, más bien había empeorado, pero se descubrió solo y fracasado. Al parecer, no le dejaban más alternativa que “evolucionar” o desaparecer. Por eso, aquella mañana del 9 de abril de 1976, Phil con la ayuda de su cinturón y un silla, decidió que era mejor desparecer, convirtiendo así su derrota en la de todos.

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