Las y los amantes del pop de gladiolos estamos de enhorabuena, los creadores de piezas tan emocionantes como London, Can You Wait?, Haunted By You, For the Dead o Sleep Well Tonight han vuelto. Desaparecidos hace más de dos décadas nunca podíamos imaginar que volveríamos a ver a Rossiter, Mason, James y Miles juntos en un escenario. Es una suerte que el Visor Fest haya apostado por ellos en una edición que este año suma propuestas tan atractivas como las de Manic Street Preachers, Ride, Ocean Colour Scene o The Damned. Qué ganas.
Nosotros, quienes los disfrutamos aquel viernes en el atardecer del velódromo de Benicàssim o los que los vieron dos años después en Valencia coronando las finales del Circuit Rock, ya no somos los mismos. Hemos atravesado tormentas, inundaciones, olas de calor, revoluciones, crisis, sobresaltos, rupturas, pérdidas y hasta algún acierto y, sin embargo, seguimos dispuestos a abrazar esas letras que reconocen nuestras debilidades, esos acordes que nos alientan como caricias, esos riffs que refuerzan nuestra confianza y esos estribillos llenos de grietas por donde siempre se coló la esperanza. Somos unos románticos, no tenemos remedio.
Casi una década después de la ruptura de The Smiths allí estaban Gene dispuestos a continuar justo donde los de Manchester lo habían dejado. Menos irónicos y más comprometidos con las batallas del alma, tan herederos de Wilde como The Small Faces o The Jam, supieron estar a la altura de sus referentes para marcar perfil propio. Abiertamente contrarios a la cultura lad tan en boga en la época, la bisexualidad explícita de su líder sirvió de argumento contra las masculinidades tóxicas. Izquierdistas confesos, su compromiso político se fue haciendo cada vez más evidente. Lo que muchos sentimos cuando aparecieron fue un flechazo a primera vista, esas canciones nos hacían tanta falta.
Su disco de debut se editó en marzo de 1995, un año excelente para el pop británico: Different Class de Pulp, (What’s the Story) Morning Glory de Oasis, I Should Coco de Supergrass, The Great Escape de Blur, Gran Prix de Teenage Fanclub o el Exit Planet Dust de The Chemical Brothers entre otras maravillas llegaron a las tiendas. Tremenda competencia. Si los primeros singles llamaron la atención de los más intrépidos, Olympian, con portada azul y una foto de la película de Bergman ‘El Séptimo Sello’ alcanzó el puesto 8 en las listas. NME, Melody Maker y hasta la revistas de tendencias The Face los saludaron como una de esas bandas que venían a revitalizar el Brit Pop. Con cada concierto más público y con cada nuevo single más expectación. Durante algunos meses pudieron ser reyes, como reconocieron en uno de los cortes más eficientes de su siguiente entrega.
Drawn To The Deep End llegó en 1997, antes habían publicado To See The Light (1996) , una especie de Hatful Of Hollow con caras B, tomas alternativas y directos que también funcionó muy bien. En este segundo trabajo propiamente dicho nos encontramos un sonido más tenso, más robusto y más enérgico, parecían estar buscando una salida a las comparaciones fáciles. Unos cuantos singles efectivos como Fighting Fit o Where Are They Now? consolidaron su posición e hicieron crecer su base de fans. Firmaron con Polydor, giraron por Gran Bretaña y Europa, comparecieron en festivales de verano y hasta tuvieron su momento televisivo en Top Of The Pops. Entonces no lo sabían, pero aquello fue la cima de su carrera.
Martin se cortó el tupé, abandonaron las chaquetas, se enfundaron el Fred Perry, politizaron las letras y jugaron a ser The Jam. El cambio de patrones estéticos en Revelations (1999) les pasó factura. El siglo XX llegaba a su fin y los tiempos habían cambiado. La crítica fue muy tibia, las ventas peores, el sello quedó tan decepcionado que al poco rompió con ellos. Habían quedado fuera de foco, pese al apoyo de su público más fiel. Aún estaban por llegar el directo Rising For Sunset (2000), grabado en la mítica Troubadour de West Hollywood, y Libertine, autoeditado en 2001, pero ya no hubo forma de remontar. El 16 de diciembre de 2004 tocaron en The Astoria, en Charing Cross, y se separaron de manera amigable.
El río siguió pasando bajo el puente de hierro pero nunca los olvidamos del todo. En 2008 se reunieron brevemente en el 100 Club de Oxford Street para tocar unas cuantas canciones y homenajear a su ex manager Jerry Smith. En 2012 Martin Rossiter lo intentó con un disco en solitario, The Defenestration of St Martin, que cosechó buenas críticas, pero que, más allá de un single, no tuvo continuidad. Dos años después To See The Light fue reeditado de forma extensa. Con todo, la gran recuperación discográfica llegó en 2020 con la publicación de una caja completísima de ocho cds o nueve vinilos: Gene: The Albums. Contra todo pronóstico la banda volvía al centro comercial por la puerta grande. Por si eso fuera poco el sello puso en circulación un grandes éxitos más asequible y reeditó una versión ampliada de su directo del 2000. El capitalismo tiene estas dinámicas caprichosas.
En diciembre de 2025 algo pareció agitarse en el planeta Gene. De repente apareció en Facebook una página oficial del grupo para celebrar los veinticinco años de la publicación de su primer trabajo. Poco después, el 20 de marzo, se anunció un concierto único en el Apollo de Hammersmith para celebrar ese aniversario. El “todo vendido” llegó enseguida y la demanda de tickets animó a convertir ese regreso en una gira por algunas ciudades de Reino Unido. El entusiasmo entre sus seguidores se hizo patente en las redes y en la venta de entradas. Antes de advertir que tenían algunas fechas cerradas en Estados Unidos el Visor Fest dio la sorpresa y los incluyó en su cartel de este año, actuarán el sábado 26 de septiembre en la Marina Norte. Hace unas semanas publicaron en CD su actuación en el Apollo. Se les ve con ganas y en forma. Para los que encontramos en sus canciones belleza, refugio, emoción, elegancia, sensibilidad y compromiso va a ser un concierto muy especial. Si Londres pudo esperar, nosotros también.










