50 años de submarinos amarillos, viajes lisérgicos y dictaduras militares

Share Button

Que 1968 fue un año prolijo en todo tipo de acontecimientos es algo que a la mínima que observemos todo lo publicado, reeditado y conmemorado, justo 50 años después, se hace más que evidente. Probablemente no haya otro año en el que se puedan recordar tantas cuestiones políticas, sociales, económicas y culturales conectadas entre sí, lo que lo convierte en un año especial. Había tanta confianza en que los tiempos estaban cambiando a mejor, que se pecaba a veces hasta de cierta ingenuidad, bienintencionada, claro. La música, y especialmente el rock and roll en los 60, podían transformar el mundo con su mensaje de amor, paz y libertad. Y por qué no, podía hasta derribar dictaduras militares.

The-Beatles-and-the-Chief-Blue-Meanie-credit-Subafilms-Ltd-(1) The Beatles and the Chief Blue Meanie Foto: Subafilms Ltd

 

Así llegamos a la película de The Beatles, Yellow Submarine, estrenada en julio de 1968 en Gran Bretaña y el resto del mundo, pero que en España se retrasó hasta el 22 de diciembre. Como es sabido, se trata de una película animada, con los de Liverpool como personajes protagonistas, dirigida por el canadiense George Dunning, donde los mismos Beatles en persona solo aparecen al final de la película.

A pesar de que cuenta con una trama que bien podría pasar por un viaje lisérgico, fruto de la adicción de los fab four al LSD desde 1966, el tono de balada infantil de la canción que titula la película, magistralmente cantada por Ringo, cedida por John y Paul a este para su interpretación, hizo que la censura británica de la época no le diera la mayor importancia. Y de paso, ayudó a que la censura de otros países, como la española, no reparara en su trasfondo político. Porque lo tenía, y mucho.

Los primeros fotogramas de la película nos enseñan un país imaginario llamado Pepperland, llamado así por la protección que le otorga la Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Todo en dicho mundo es armonía, felicidad y libertad, y así lo reflejan los rostros de sus habitantes, hasta que de repente todo acaba con un ataque inesperado de unos seres malvados llamados Blue Meanies, que de manera brutal eliminan a la banda de los corazones solitarios, dejan a los ciudadanos paralizados y ponen fin a la música. Es así, como el alcalde manda al joven Fred a Liverpool a buscar ayuda, embarcando a los Beatles en un submarino amarillo que los llevará de vuelta a Pepperland, procediendo, gracias a sus canciones, a la liberación de sus habitantes de la tiranía impuesta por los malvados azules.

La manera en la que la película sorteó a la censura de muchos países tuvo mucho que ver con que fuera una película animada con The Beatles como protagonistas. Es decir, algo infantil, con canciones pop alegres y divertidas en principio, en un mundo imaginario, además en inglés y subtitulada, cosa esta última que, de manera definitiva, la apartaba del público masivo.

No reparaban así, en que los Blues Minies eran auténticos escuadrones militares, que como en un planeado golpe de estado, toman el poder, silenciando y aterrorizando a la población de Pepperland. Y es que, si observamos con detenimiento las primeras escenas de la película, estas recuerdan al 18 de julio de 1936 en ciudades como Granada, y anticipa de manera escalofriante a la mañana del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Mezcla ridícula de los aspavientos de Hitler y la agresividad gestual de Mussolini, muchos serán los chilenos que identificarán años después la sonrisa del malvado jefe de los Blue Minies con el General Pinochet, parapetado tras unas siniestras gafas de sol anunciando el asesinato de Salvador Allende y la democracia chilena. Así, Yellow Submarine fue prohibida en Chile y Argentina por sus respectivas juntas militares, a la vez que cientos de libros y canciones. En España, la casi siempre obtusa censura franquista, no vio motivo para prohibir la película, corriendo mejor suerte que la que tendría en la Latinoamérica militar, o que, en Illinois o Indonesia, donde fue prohibida por una supuesta apología a las drogas. Ello permitió que fuera visionada, tanto en cines, como sobre todo en cinefórums en barrios y universidades, donde la oposición antifranquista la utilizaba tanto para contraponer la música a la dictadura, como para fabular el fin del franquismo con la ayuda de The Beatles. Porque, ¿hubiera habido un mejor final para la dictadura que haber sido derrotada por los cuatro de Liverpool mientras sonaba All You Need is Love”? Cincuenta años después, la respuesta sigue flotando en el viento.