La desbandada de Morrissey convirtió a los ilusos que habíamos comprado entradas en los seres más tontos del universo. Al parecer todos sabían lo que iba a ocurrir menos nosotros. Ver la soberbia con la que se liquidan en las redes sociales trayectorias o incluso estilos musicales sin matices ni distinciones siempre nos ha alucinado. Algunas luminarias no han ganado el Nobel de la crítica porque todavía no existe. Qué sería de la Historia de la música sin ellos. Menos mal que hay bandas como The Wave Pictures, con temas certeros y la mejor actitud, para olvidar los sinsabores de las personas normales.
Volvía el trío de los Midlands al 16 Toneladas en un día raro, un domingo 15 de marzo por la tarde, con la ciudad en plena ebullición. Las fallas parecen desbocadas, es un todo vale que está exhibiendo con crudeza las costuras maltrechas de nuestros erosionados transportes públicos, los desafíos acuciantes de la ciudad y su área metropolitana y la lejanía entre el relato oficial y la realidad diaria. No eran ni el mejor momento ni las mejores circunstancias pero las bandas que pican piedra y cuidan su base local obtienen su recompensa. El público, que en muchos casos ya los había disfrutado en otras ocasiones, llenó tres cuartas partes del club. Todo resultó tan bien como se esperaba, los británicos saben cuáles son sus fortalezas y las explotan.
Arrancaron con lo que nos pareció una versión de los Creedence Clearwater Revival, aunque igual eso pasó después de que el baterista Jonny Helm bordara una pieza del enorme Van Morrison. The Wave Pictures apostaron en el arranque por unas interpretaciones que se prolongaban con punteos de guitarras dibujando florituras y perpetrando subidas y bajadas mientras la sección rítmica los secundaba sin despistarse. Estos formatos minimalistas se prestan al lucimiento interpretativo de los músicos. Convendría ser precavidos con los alardes instrumentales porque el bostezo puede aparecer cuando menos te lo esperes. No fue el caso.

Volvían a la ciudad de las flores de la luz y del amor con nuevo trabajo debajo del brazo, Gained/Lost ( 2026). No hay duda de que veinte discos después deben conocer todas las carreteras secundarias del circuito independiente europeo. Los creadores de álbumes tan interesantes como Instant Coffee Baby (2008) se reivindicaban en el Ruta 66 del mes de marzo como amantes del jazz, del country, del rock de los sesenta, del punk y de todas esas iniciativas que priman la pasión por encima de la perfección. Con todo, fueron sus piezas más directas las que consiguieron que olvidáramos que el lunes ya acechaba. Su versatilidad estilística está más que contrastada pero fue en ese territorio donde habitan Hefner, Jonathan Richman, Violent Femmes o Herman Düne donde David Tattersall, voz y guitarra, Franic Rozyckiy al bajo y el ya mencionado Heim, a la batería y segundas voces, parecieron encontrarse más cómodos.
Después de cierta polémica al respecto de lo buena que estaba la paella en Zaragoza, que se solventó con mucha ironía y hasta alguna carcajada, llegó la parte que todos estábamos esperando: esos medios tiempos nerviosos que en directo, sin conservantes ni colorantes, nos suenan casi mejor que en los discos. Estaban tan a gusto sobre el escenario que llegaron a reconocer que el tema que acababan de tocar nunca les había salido tan bien. Clásicos como ‘I Love You Like a Madman’ o éxitos de su último trabajo como ‘The House of Painted Blue’ o la excelente ‘Alice’ consiguieron meterse al público en el bolsillo. Fue una actuación que empezó templada y fue ganando intensidad. El set de hora y cuarto nos confirmó que The Wave Picture siempre valen la pena. Qué falta nos hacía un concierto así para enjuagar sinsabores.












