Pocos festivales están instalados en el ideario colectivo de la manera en que lo está el FIB. Con más de veinte años a sus espaldas ha sobrevivido a la crisis económica, la saturación de festivales, los cambios de propiedad y las sacudidas de la maltrecha industria musical (un Brexit duro para Gran Bretaña es la próxima prueba a la vista). Este referente de la cultura festivalera busca un equilibrio entre seguir fiel a su razón de ser primigenia, la apuesta firme por los sonidos contemporáneos más excitantes, y mantener la enorme cuota de adeptos que llega desde Albión, y también desde España, en busca de los transatlánticos anglosajones que dominaron la Tierra en los años 90.
Dentro de las agradables sorpresas que depara la edición de este año está la presencia de The Weeknd. El canadiense es uno de esos nombres recientemente instalado en el Olimpo de los productores musicales, su último disco Starboy (Republic, 2016) fue recogido con entusiasmo, las colaboraciones con Daft Punk, Lana Del Rey y Kendrick Lamar daban empaque a una de las producciones de R&B más notables del milenio. Si Bonobo ya gozaba de una sólida reputación siendo uno de los nombres insignia del célebre sello Ninja Tune, tras la publicación hace pocos meses de Migration (Ninja Tune, 2017) ha conseguido situarse en un panorama musical más amplio firmando uno de los álbumes más sofisticados de lo que llevamos de curso, más alejado de la anarquía de sus primeros discos, Migration apuntala la electrónica downtempo como un género de pista de baile y capaz de romper barreras.
La vuelta de Ride a los escenarios, producida hace escasos años, fue aplaudida con entusiasmo por los amantes del shoegaze -así como antes lo fue el retorno de My Bloody Valentine- que veían en Ride a uno de los grupos malditos del género -género por otra parte maldito en sí mismo- creador de un disco visionario como es Nowhere (Rhino, 1990) y que no sólo volvían a los escenarios, sino que acto seguido anunciaban con ponerse manos a la obra para sacar nuevo material, como ya hicieran sus compañeros de viaje MBV. Fruto de este esfuerzo nace Weather Diaries (Wichita, 2017) producido por Erol Alkan, genio y figura de la electrónica británica, y que ha rubricado uno de los retornos más prometedores de los últimos tiempos. Los que hace tiempo que volvieron, porque quizás nunca se fueron, son The Jesus and Mary Chain, uno de esos nombres que hicieron grande la música independiente de los ochenta y sin los que no se entendería el posterior resurgimiento del rock de guitarras en los noventa. Labradores de discos eternos como Psychocandy (Rhino, 1985) o temas imperecederos como “Head On” los hermanos Reid han vuelto a editar un disco después de diecinueve años. Damage and Joy (Warner, 2017) es un disco irregular, como han sido calificadas algunas de sus actuaciones en directo, pero al que le sobran chispazos de genialidad, ya que solo “Song For A Secret”, a la que pone voz la ex Belle & Sebastian Isobell Campbell, o “Black and Blues”, que firman junto con Sky Ferreira, valen el disco entero.
La reconversión de Foals a lo largo de los años ha sido notable, desde unos inicios marcados por el math-rock de guitarras afiladas, percusiones salvajes y bases de ritmos electrónicos milimétricos han evolucionado hacia un pop sui géneris de tintes épicos. Si Antidotes (Warner, 2008) marcaba la cima de la experimentación de estos potros salvajes, What Went Down (Warner, 2015) supuso su consagración dentro del panorama mainstream. Si bien sus cambios estilísticos han sido apreciables, de lo que no queda la menor duda es que estos ingleses son animales de escenario, donde verdaderamente desatan toda su maquinaria pesada. Los Planetas jugarán en casa una vez más, presentes ya en la primera edición del festival, sus apariciones a lo largo de estos años han sido recurrentes, el festival ha sido testigo de su evolución y reconversión al rock épico de tintes flamencos, su última realización Zona Temporalmente Autónoma (El Ejercito Rojo, 2017) ahonda en los derroteros marcados por aquel hito contemporáneo de la música patria que es La Leyenda del Espacio (Sony, 2007) y los consolida como uno de los grupos más sólidos que se pueden ver sobre el escenario.
El bombazo de este año es, sin duda, la presencia de Red Hot Chili Peppers, los californianos son toda una leyenda en activo aunque vivieron su época de mayor gloria durante la década de los noventa. Célebres por su puesta en escena y la vigorosidad de su frontman Anthony Kiedis, que al igual que Iggy Pop no sabe lo que es ponerse una camiseta, se han labrado un nombre que es reconocible hasta para el más profano. Discos enormes como Blood Sugar Sex Magic (Warner, 1991) son parte ya del imaginario colectivo y no hay ser vivo que se resista a pegar unos saltos al son de “Give it Away” o tararear la melodía de “Under the Bridge”, canción esta última que sentaría las bases del Red Hot futuros, más cercanos al rock poderoso pero reflexivo de Californication (Warner, 1999), que al funk descoyuntado de sus inicios. Su aparición en el festival se pronostica como uno de los puntos memorables del mismo, un grupo que está acostumbrado a llenar estadios atronará la noche del sábado del FIB en un encuentro que no pocos esperan con entusiasmo.
Siempre fuimos conscientes que Liam Gallagher era el rostro de Oasis, pero que su hermano Noel era el cerebro. El reciente documental que nos relata la historia de estos célebres mancunianos, “Oasis: Supersonic”, lo refleja con claridad. El lado descarado y hooligan corría a cargo de Liam, mientras la parte creativa la llevaba Noel. Si el hermano gamberro de los Oasis leyera estas palabras no dudaría en destrozar una botella cerveza en la cabeza del aquí firmante, así que no nos vamos a ensañar con el hermano pequeño de los Gallagher, pues sería injusto tildarlo de segundón en un grupo que sin él no hubiera sido ni por asomo lo que llegó a ser Oasis. Su particular voz forma parte de la banda sonora de todos los que empezábamos a dar forma a nuestro gusto musical allá por los lejanos noventa, pues raro es el que no se atreviera a coger una guitarra e intentara aprenderse los tres acordes de “Wonderwall”. De su andadura en solitario, bajo su propio nombre, tenemos escasos registros, el reciente lanzamiento de Wall Of Glass el primer single de su disco venidero “As You Were”, es todo un soplo de optimismo sobre lo que cabe esperar de su futuro cercano. Lo que podemos afirmar con seguridad es que el repertorio de su concierto no resistirá la tentación de tirar del cancionero de Oasis, así que preparad las gargantas para corear alguno de los himnos más imborrables del brit-pop.
No me voy a resistir a cerrar el apartado de cabezas de cartel sin mencionar a uno de mis grupos más recurridos a lo largo de los años, estoy hablando de Dinosaur Jr. Desde que viviéramos su vuelta a los escenarios allá por 2005, precisamente en el escenario principal del FIB, no han parado de facturar sendos discos de rock musculoso marca de la casa y es que lo de Dinosaur Jr. no tiene misterio, aparentemente, muro de amplificadores Marshall, descargas de guitarra y melodías irresistibles. J. Mascis y los suyos son un valor seguro sobre los escenarios y son capaces de hacer que la enésima vez sea como la primera. Mención especial merece Pete Doherty todo un superviviente a estas alturas, el ex Libertines sigue exhibiendo músculo y savoir fair, es por eso que uno nunca debería perderse una actuación suya, quién sabe lo que pueda pasar.
A continuación una retahíla de nombres imprescindibles que no por estar en la letra pequeña tienen que envidiar a los nombres mayúsculos. Dentro de la nutrida representación nacional destacamos a los valencianos Tórtel y Gener, puntas de lanza de los sonidos más emocionantes que se están oyendo en nuestra ciudad. A Bigott y Joe Crepúsculo sin duda hay que darles de comer aparte, lo particular e inclasificable de su música los hace un reclamo allá por donde van. Mourn nos trasladarán al Seattle más fecundo y Pional nos acercará la electrónica más destacada que se está firmando por estas tierras.
En el apartado de electrónica internacional son de obligada asistencia el dj danés Kölsch, los americanos Peaking Lights, el joven británico Mura Masa y el hermano pequeño de los siempre impredecibles The Knife, Olof Dreijer. Para cerrar las recomendaciones de este ecléctico y fascinante cartel voy a destacar la recientísima incorporación de Bad Gyal, trap en castellano que rompiendo fronteras se ha hecho eco incluso en la todo poderosa web Pitchfork. “Jacaranda”, su ultimo lanzamiento, se alza como una canción del verano en toda regla, una canción excelsa que poco tiene que envidiar al “Despacito”.











